Lectura crítica

La desigualdad como boom editorial en tiempos de crisis capitalista

Reseña de “El capital en el Siglo XXI” de Thomas Piketty (2014), Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Matías Eskenazi[1]

Recibido: 23 de marzo de 2015

Aprobado: 2 de abril de 2015

 

El 24 de noviembre de 2014, se presentó la edición de El capital en el Siglo XXI en español. Anunciada con pompa por la editorial Fondo de Cultura Económica, como “Lanzamiento mundial en español del libro de Thomas Piketty”, que fue editado en simultáneo en Madrid, Buenos Aires, Bogotá, Santiago de Chile y México, y distribuido para todo el mundo de habla hispana.

Los motivos para semejante presentación son comprensibles. Thomas Piketty es el economista del momento y su Capital en el Siglo XXI la presea más deseada. Su nombre suena en la prensa alrededor el mundo, en todos los foros, congresos de economía y debates académicos.

Su libro se vende como pan caliente, no solo entre los círculos especializados, sino también como un artículo para todo público, llegando a ser un autentico best-seller y ocupando durante varias semanas los primeros puestos de ventas en Estados Unidos (EEUU) y el Reino Unido, entre los libros de no ficción. Se trata de un fenómeno un tanto extraño para un grueso volumen de 664 páginas, plagado de datos y lenguaje técnico, de prosa por momentos, poco amigable y lectura árida. Definitivamente no se trata de un libro de divulgación.

Publicado originalmente en Francia, durante 2013 fue recibido con cierta indiferencia en su tierra natal. Fue con la publicación de la edición en inglés a comienzos de 2014, y su llegada al mercado norteamericano, que Piketty saltó súbitamente de ser un economista académico que realizaba asesorías políticas para la socialdemocracia francesa, reconvertida al social-liberalismo sin por ello tomar mayor protagonismo, a ser un referente con fama internacional, celebrado y rápidamente apadrinado por economistas estrella como Josep Stiglitz y Paul Krugman.[2]

Haciéndose eco del impacto en el mundo de habla inglesa, la edición española ya había generado expectativas antes de su lanzamiento. En consonancia, durante enero de 2015, Piketty realizó una gira latinoamericana para presentar su libro, y se codeó con los gobiernos y el establishment heterodoxo del Cono Sur: pasando por Chile donde se reunió la presidenta Bachelet, y Buenos Aires donde mantuvo reuniones con Cristina Kirchner, el ministro de economía y otros funcionarios.[3]

 

Acerca de los alcances de la desigualdad en el capitalismo

¿De qué trata “el Capital en el siglo XXI”? El texto trata sobre la desigualdad en la distribución de los ingresos y la riqueza en el capitalismo contemporáneo, enfocado desde una mirada de largo plazo.

El trabajo de Piketty destaca por el alcance de sus datos, contando con una base de datos construida junto a un equipo de investigadores (E. Saez, A. Atkinson, G. Zucman y otros) que abarca más de 20 países con series dispares que llegan a extenderse, en algunos casos, como el de Francia, por más de 200 años. Estos datos también destacan por la variedad de fuentes utilizadas, combinando desde rankings (como el de la revista Forbes), hasta declaraciones de impuestos, pero seleccionando preferentemente a las fuentes construidas sobre información oficial de base fiscal, por sobre las encuestas de ingresos.

Otro elemento para destacar es que Piketty y su equipo han puesto estas series estadísticas a disposición del público,[4] permitiendo la descarga de sus bases de datos que de este modo se pueden utilizar permitiendo analizar la forma en que se han construido y posibilitando un debate fundado. Si este hecho que parece elemental resulta destacable, es porque llamativamente resulta poco común en el mundo académico.

Piketty pone el foco en la distribución personal del ingreso y la riqueza (entre los individuos y/o hogares), aunque no basa su análisis en indicadores como el coeficiente de Gini,[5] sino que se interesa especialmente por el crecimiento de la porción de los ingresos y la riqueza en manos de los segmentos más ricos de la población (en relación a los ingresos y la riqueza totales). Estudia especialmente a los muy ricos que corresponden al 10% de la población, es decir al decil superior de la distribución; y a los extremadamente ricos, esto es el 1% con más ingresos de la población.

Los datos que aporta Piketty permiten dibujar una curva que muestra una alta desigualdad tanto en la distribución de la riqueza como de los ingresos desde el siglo XIX, que crece hasta alcanzar un punto máximo a comienzos del siglo XX. Luego, se observa una baja significativa a partir de la Primera Guerra Mundial, que se profundiza con la crisis del ´30 y todo el período de postguerra. Contando con estos elementos, Piketty concluye que la desigualdad ha estado aumentando desde mediados de los años 1970, y hoy alcanza niveles similares a los que había a comienzos del siglo XX.

En otras palabras, el crecimiento de la desigualdad no sería una expresión de la falta de desarrollo capitalista destinada a disminuir conforme los procesos de industrialización se difundan hasta alcanzar el desarrollo de un capitalismo maduro (como postulaba Kuznets) sino que es una tendencia inherente a las fuerzas del mercado capitalista librado a sus propios impulsos, al menos, –agregara Piketty- si no se impulsan medidas regulatorias orientadas a contrabalancear esta tendencia.

Esto fue lo sucedido durante “la edad dorada” del capitalismo de postguerra, pero los propios datos de Piketty demuestran que ese tipo de regulación no constituye la norma, sino una excepción en la historia del capitalismo. El propio autor admite que la reducción de las desigualdades no habría sido posible sin la gran depresión, dos guerras mundiales y –agregamos- la Revolución Bolchevique, que el autor menciona solo al pasar como parte de “los choques de la primera parte del siglo XX”.

 

Crisis capitalista y resistencias a los programas de ajuste

El éxito de Piketty debe ser leído en el marco de la crisis internacional en curso que estalló con la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008 y se extiende hasta nuestros días, manifestándose con fuerza en EEUU y con particular brutalidad en los eslabones más débiles de la Zona Euro, como en Grecia, España, que junto a Italia y Portugal recibieran la despectiva denominación de PIGS, pero también en Islandia, Gran Bretaña y hasta en Francia.

La crisis dinamiza resistencias. Así lo atestiguan las revoluciones populares de la primavera árabe como síntoma del potencial revulsivo de una crisis duradera, y también los movimientos que estallaron como expresiones espontáneas de resistencia ciudadana frente la crisis en la Unión Europea (UE) y en EEUU; sobre todo el movimiento de los indignados del 15-M en el Estado Español y meses más tarde el movimiento “Occupy Wal Street” en EEUU en 2011, quienes popularizaron la consigna “somos el 99%”, apuntando contra el 1% más rico.

La representación de la distribución del ingreso y de la riqueza patrimonial de Piketty entre el 1% más rico y el 99% restante sugiere indirectamente cierta frontera “clasista” de estratificación social, entre los megamagnates y el resto de la población que se asemeja más a la imagen de una oligarquía financiera y gerencial. Si además pone la lupa sobre las riquezas heredadas contraponiéndolas con las “ganadas”, tenemos todos los elementos para un éxito editorial en los tiempos que corren. Esta presentación tiende a coincidir con un amplio sentido común que percibe las desigualdades y encuentra en las instituciones financieras y los ultra-ricos los blancos inmediatos de un rechazo instintivo.

El trabajo de Piketty da cuenta de una creciente concentración de la riqueza y los ingresos en las últimas décadas, que se ha vuelto oprobiosa e insostenible, y que en un contexto de crisis resulta doblemente insoportable. “El 0,1 % (una milésima parte de la población mundial)  más rico posee el 20 % del patrimonio mundial, el 1 % posee el 50 %. Si se considera el patrimonio del 10 % más rico, Thomas Piketty calcula que representa entre el 80 % y 90 % del patrimonio mundial, ya que el 50 % más pobre posee ciertamente menos del 5 %… constata que el crecimiento del patrimonio del milésimo más rico del planeta ha progresado a un ritmo del 6 % anual en las últimas décadas, mientras que el conjunto del patrimonio progresaba a un ritmo del 2 %.” (Toussaint, 2014: 3).

El crecimiento de la desigualdad patrimonial, resulta consistente con lo que Piketty denomina como la “contradicción central del capitalismo” y resume en la formula R > G, la observación de que los “retornos del capital” (R) tienden a crecer de forma más acelerada que el producto (G), lo que -de no mediar intervención estatal- tiende a producir el incremento de la desigualdad de los patrimonios.

 

Más allá de los datos: el capital como relación social

Los datos son sugerentes pero resultan insuficientes para comprender las causas de la crisis y enfrentar las políticas de ajuste. Formado en la escuela neoclásica, Piketty no puede explicar los fenómenos que observa. Sus “leyes y contradicciones generales” son poco más que relaciones estadísticas y formulas contables, y tanto las crisis como las guerras se le aparecen como catástrofes externas a la acumulación capitalista.[6]

Las propuestas de Piketty apuntan a la reducción de las desigualdades por medio de reformas impositivas que graven la riqueza y limiten los derechos de herencia; pero en su libro no estima que las luchas de los trabajadores jueguen ningún rol en este proceso.[7] Su propósito no es otro que “defender al capitalismo, gravando la riqueza” (Financial Times, 28/03/2014). Pero las reformas propuestas por Piketty no solo resultan tibias, sino también utópicas. Solo podrían funcionar si se aplicaran a escala internacional, pero si ésta fuera la pretensión, no resulta claro quiénes y por qué motivos habrían de implementarlas, o desde que posiciones lo realizarían, a no ser que se espere que la Troika en la UE, la Reserva Federal de EEUU, el Fondo Monetario Internaciona, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio, fueran a cambiar súbitamente su naturaleza para transformarse de representantes del capital en promotores de la igualdad social.

Es en este punto donde la teoría resulta fundamental para aproximarse a la comprensión de las causas de los fenómenos económicos como fenómenos sociales, y donde aparece en toda su dimensión y actualidad El Capital…. de Marx, no como una teoría económica ortodoxa, heterodoxa o incluso “crítica”, sino como una Crítica de la Economía Política.

Necesitamos a Marx para comprender la dinámica del capitalismo, la inevitabilidad de sus crisis, e incluso los objetivos de las políticas de ajuste que se relacionan con la búsqueda del capital por aumentar permanentemente la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, para recomponer su tasa de ganancia.

Para Marx, la distribución del ingreso, al igual que el nivel de empleo, no expresan fenómenos independientes, sino que varían en relación a las condiciones de la acumulación capitalista siendo consecuencias sociales que pesan sobre las condiciones de vida de los trabajadores.

El problema que constituye el punto de partida de la producción capitalista es precisamente la apropiación de los medios de producción como capital, y la separación de estos medios de producción y consumo para las más amplias masas de la población mediante la violencia extraeconómica (Marx, 1998). De modo que la riqueza social se encuentra previamente distribuida y esta condición se reproduce permanentemente, de forma ampliada como una compulsión económica, que asume la apariencia de una fuerza ciega y automática, como capital que se valoriza.

Solo si comprendemos que el capital no es un cúmulo de “cosas que rinden ganancia” como supone Piketty, sino una relación social basada en la explotación del trabajo asalariado (Astarita, 2014; Roberts, 2014) que no es natural sino histórica y por lo tanto perecedera, se hace visible que el antagonismo social y las clases sociales son inherentes a estas relaciones (Ollin Wright, 2014).

Incluso, que las reformas más elementales dentro del capitalismo fueron arrancadas por medio de grandes luchas sociales (Bach, 2014; Astarita, 2014) y que la pretensión de humanizar al capitalismo resulta utópica mientras que la perspectiva de superarlo expropiando al capital e iniciando una transformación de contenido socialista, si bien supone enormes dificultades, no es solo necesaria sino posible y mucho más realista.

En suma, El Capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty nos brinda información muy útil para apreciar los alcances y la profundidad de los desequilibrios del capitalismo contemporáneo en una perspectiva histórica, y lo que es tanto o más importante, presenta una oportunidad para poner estos problemas en el centro del debate internacional. Los alcances y las repercusiones de la controversia que su libro contribuyo a reabrir, nos presentan al mismo tiempo una gran oportunidad para ir más allá de Piketty, de las desigualdades y las propuestas de reformas impositivas, recuperando simultáneamente a El Capital de Marx, como el arma más poderosa y de indudable actualidad para la comprensión científica y para la crítica del capitalismo.

 

Bibliografía

 

Astarita, R. (2014). “Reflexiones desde el marxismo sobre el libro de Piketty” en https://rolandoastarita.wordpress.com/.

Bach, P. (2014). “Sobre Thomas Piketty y la desigualdad como destino manifiesto”, en Ideas de Izquierda N°10, junio. Disponible en http://ideasdeizquierda.org/.

Dumenil, G. & Lévy, D. (2014), “The economics and Politics of Thomas Piketty’s Theses. I – Critical Analysis“, EconomiX, PSE, Paris. Disponible en: http://www.jourdan.ens.fr/levy/dle2014f.htm.

Eskenazi, M. & Hernandez, M. (comps.) (2014). El debate Piketty sobre El capital en el Siglo XXI, Buenos Aires: Metrópolis.

Kliman, A. (2014). “Were Top Corporate Executives Really Hogging Workers’ Wages?”, Truthdig, septiembre. Disponible en: http://www.truthdig.com.

Marx, K. (1998). El capital: Critica de la economía política, 3 Tomos, Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

Piketty, T. (2014). El capital en el Siglo XXI, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Piketty, T. (2015). “Entrevista: Thomas Piketty responde a las críticas desde la izquierda”, en Potemkin Review, 1 (1), Winter. Disponible en: http://potemkinreview.com/pikettyinterview/.

Roberts, M. (2014). “Desmontando a Piketty”, en Weekly Worker, 1013, junio. Traducción al español: http://rotekeil.com.

Toussaint, E. (2014). “¿Cómo podemos utilizar lo que aprendemos del libro de Thomas Piketty sobre el capitalismo del siglo XXI?”, CATDM, 16 de febrero de 2014. Disponible en: http://cadtm.org/spip.php?page=imprimer&id_article=9937.

Wright, E. O. (2014). “Stay classy, Piketty”, Public Books. Disponible en: http://www.publicbooks.org/nonfiction/the-piketty-effect-part-1.

 



[1] Lic. en Sociología (UBA), Docente-Investigador UNQ-UADER. La presente lectura crítica está basada -aunque no reproduce- los argumentos contenidos en Ezkenazi y Hernández (2014). En esa obra se incluyen artículos de Paul Krugman, Thomas Piketty, James K Galbraith, Eric Toussaint, Olmedo Beluche, Charles André Udry, Maciek Wisniewiski, David Harvey, Michael Roberts, Rolando Astarita y Paula Bach.

[2] Se desempeño como consejero de Senegolene Royal, candidata del Partido Socialista Francés en las elecciones de 2007; respaldo la candidatura de Francois Hollande en 2012, para luego distanciarse crecientemente de su gobierno criticando las políticas de austeridad. Recientemente ha rechazado Legión de Honor, máxima condecoración otorgada por el gobierno francés.

[3] El saldo de la visita para el gobierno argentino resulto agridulce. El francés se esforzó por elogiar la gestión y respaldar la posición del Ejecutivo respecto al pago de deuda y contra las demandas de los holdouts; no obstante cuestionó los “sistemas impositivos fuertemente regresivos en América Latina y Argentina” basados en impuestos al consumo, y el impacto tributario de la alta inflación (Diario La Nación, 16 de enero de 2015). Asimismo, criticó la falta de estadísticas confiables siendo necesaria “más transparencia y calidad en materia de información económica, como la inflación y los datos fiscales. El Gobierno no debería temerles a los datos estadísticos” (Diario Pagina 12, 17 de enero de 2015).

[4] Disponibles en http://piketty.pse.ens.fr/en/capital21c2

[5] El Gini se orienta a la medición de la distancia existente entre la distribución real de los ingresos respecto a una situación de equidad ideal entre todos los sectores de la población.

[6] Los cuestionamientos a los datos de Piketty desde la derecha por los editorialistas de Financial Times resultaron infructuosas. Las críticas más importantes al trabajo empírico han surgido por izquierda y parten del reconocimiento a la seriedad del trabajo estadístico para remitir a los sesgos producidos por problemas conceptuales (como las definiciones de “capital”, “renta” e “ingresos” de corte netamente neoclásico) que manejan Piketty y su equipo. En el mismo plano caen las críticas a la interpretación de que el crecimiento de las grandes fortunas en los últimos datos se origina en los altos “salarios” de los ejecutivos (Kliman, 2014); o la asimilación indistinta de propiedad inmobiliaria utilizada como capital y como vivienda (Roberts, 2014; Astarita, 2014) o de datos correspondientes a relaciones precapitalistas y capitalistas (Astarita, 2014).

[7] En notas posteriores intenta rectificar la omisión: “Creo que el poder de negociación es muy importante para la determinación de la participación relativa del capital y del trabajo en el ingreso nacional. Resulta perfectamente claro que la declinación de los sindicatos y la globalización (…). Han contribuido al alza en la participación del capital” (Piketty, 2015, traducción propia).