Reseña del libro de David Harvey (2014) Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Quito: Editorial IAEN.

 

Pablo Cuevas Valdés

UNAM

pablocuevasvaldes@gmail.com

 

El último libro del connotado geógrafo marxista británico David Harvey, se destaca por su capacidad de explicar la crisis actual del capitalismo, a partir de su particular lectura metodológica y epistemológica de marxismo. En lo que es, sin duda, un texto de ágil lectura, el autor logra poner en relación la abstracción teórica y la historia y geografía reciente del capital, en una obra que retoma diversos tópicos tratados en sus anteriores libros, pero expuestos aquí de una manera muy pedagógica. Si bien el libro es escaso en elementos originales respecto de las anteriores obras del autor, pensamos que hay en él una propuesta consistente de explicación que puede establecer una interlocución fructífera con el debate latinoamericano acerca de la crisis capitalista, desde la periferia. Su visión geográfica del capitalismo es complementaria con una parte de la tradición crítica latinoamericana  que, dicho sea de paso, fue la primera en plantear al subdesarrollo como la contracara del desarrollo capitalista, y teorizar al respecto hace ya casi medio siglo. A continuación ofrecemos una particular lectura de esta obra, por medio de una exposición muy sucinta que resalta algunos elementos que, consideramos, podrían ser relevantes de discutir en el contexto latinoamericano.

     El autor parte de la constatación -a nuestro juicio correcta- de que asistimos a una época de crisis. El “motor” del capitalismo muestra evidentes dificultades y, pese a ello, son pocas las perspectivas, propuestas o directrices  en torno al aspecto que tendría un capitalismo revitalizado, o bien, una alternativa no capitalista. La reflexión ha sido pobre desde los propios cuadros del sistema –divididos entre profundizaciones neoliberales y neokeynesianismos tímidos-. Por su parte, una izquierda “atada de manos” y que “quiere cambiar al mundo sin tomar el poder” no desafía la capacidad ilimitada de dominar el mundo de una clase capitalista plutócrata cada vez más consolidada. En este contexto, David Harvey nos propone su reflexión y análisis exhaustivo de algunas de las contradicciones que determinan el movimiento del capital, su actual crisis y su eventual final. Y lo hace mediante, lo que consideramos, es una interesante propuesta heurística y epistémica, definiendo –a diferentes niveles de abstracción- diecisiete contradicciones por medio de las cuales traza una explicación del proceso de acumulación y circulación del capital, su dinámica histórica y geográfica, sus crisis recurrentes, la crisis actual y, su eventual devenir, derivando de allí una propuesta política y filosófica específica.

     Sin embargo, a Harvey no le interesa estudiar todas las contradicciones del capitalismo. El eje de su análisis está puesto en aquellas contradicciones que aluden al “motor del capitalismo”, es decir, las contradicciones del capital. No todo lo que sucede en el capitalismo es resultado de las contradicciones del capital. Lo que el autor propone es discernir aquellas que han generado las crisis recientes. De esta manera Harvey distinguirá entre “capitalismo” y “capital”, refiriendo al segundo en términos más abstractos –quizás como lo hacía Marx cuando refería al modo de producción, aunque muchos de sus seguidores no lo interpretaran así- y conteniendo en “capitalismo” las determinantes históricas concretas (como raza, sexo, etnia, etc).

     Pese a lo anterior, no todas las contradicciones que Harvey estudia remiten a lo que nosotros aquí denominaremos como un mismo “nivel de abstracción”. Dentro de las diecisiete, distingue tres grupos o “niveles” –contradicciones fundamentales, cambiantes, y “peligrosas”- que el autor trata de manera separada en el texto. El primer grupo aúna las contradicciones que se hallan en un nivel más abstracto, refiriendo a las primeras siete contradicciones que él identifica como fundamentales, estas son: valor de uso y valor de cambio; el valor social del trabajo y su representación mediante el dinero; la propiedad privada y el Estado capitalista; apropiación privada y riqueza común; capital y trabajo; dualidad del capital entre cosa y proceso; y producción y realización. Se trata de características permanentes del capital en cualquier momento o lugar. Estas son fundamentales porque el capital no podría existir ni funcionar sin ellas y se encuentran entrelazada a tal nivel, que son imposibles de modificar o abolir de manera independiente, como el mismo Harvey (2014) señala:

Cuestionar el papel dominante del valor de cambio en el suministro de un valor de uso como la vivienda, por ejemplo, supondría cambiar la forma y el papel del dinero y modificar, si no abolir, el régimen de derechos de propiedad privada que tan bien conocemos. (p. 29)

     Pese a referir a las siete contradicciones con un mayor nivel de atracción, siguiendo a Marx, pensamos que Harvey no confunde abstracción con representación teórico formal al estilo weberiano, y explica –en otras palabras- cómo es que lo abstracto es parte constitutiva de lo concreto, vinculando la forma específica en la que inciden estas contradicciones en la crisis actual del capitalismo. En este sentido, aparte de re-explicar algunas de las características fundamentales del modo de producción capitalista expuestas por Marx en El Capital, Harvey agrega su relación con la crisis actual.

     Las siete siguientes contradicciones son las que Harvey denomina “cambiantes”, las que, como su nombre indica, son inestables y se encuentran en cambio evolutivo permanente. En un menor nivel de abstracción, la historia se torna aquí más relevante, y de la misma manera en que no son aleatorias ni accidentales, no se encuentran predeterminadas. Su evolución específica alcanza especificidad en las crisis y sus soluciones. Estas son: tecnología, trabajo y disponibilidad humana; divisiones del trabajo; monopolio y competencia: centralización y descentralización; desarrollos geográficos desiguales y producción de espacio; disparidades de renta y riqueza; reproducción social; libertad y sometimiento. Harvey acentúa que estas contradicciones proporcionan gran parte de la fuerza dinámica que subyace a la evolución histórica y geográfica del capital. Éstas igualmente se cruzan e interactúan, por ejemplo, las dinámicas del desarrollo geográfico desigual y la producción del espacio son impactadas por los cambios tecnológicos; se crean diferenciaciones en la reproducción social y en el equilibrio entre la libertad y el sometimiento en los distintos espacios del desarrollo geográfico desigual; actúan las dinámicas del monopolio y la centralización del poder, frente a las de la descentralización y la competencia, e influyen sobre el dinamismo tecnológico y organizativo y la competencia; y el equilibrio entre la pobreza y la riqueza se ve modificado por la competencia interterritorial, las corrientes migratorias y las innovaciones competitivas respecto a las productividades del trabajo.

     Finalmente, Harvey aborda lo que él denomina como las contradicciones “peligrosas”, en el sentido de que son potencialmente “fatales” para el capitalismo, pero no solo para su “motor” económico -el capital- sino también para la reproducción de la vida humana en condiciones razonables. Estas son: el crecimiento exponencial y acumulativo sin fin; la relación del capital con la naturaleza; la rebelión de la naturaleza humana a la alienación universal. Para este autor, a diferencia de lo que plantean otras corrientes dentro del marxismo a partir de una lectura más teleológica de Marx, el capital podría funcionar indefinidamente, es decir, el capitalismo no caería “bajo el peso de sus propias contradicciones”, pero sin embargo, para continuar operando, el devenir inminente de estas contradicciones peligrosas lo llevaría a provocar una extrema degradación del medio ambiente, un empobrecimiento de las masas, un aumento de la desigualdad exorbitante y la consecuente deshumanización de la mayoría de la humanidad mediante el control autocrático, y la vigilancia policial y militarizada. De acuerdo a Harvey, esto pone a la humanidad frente a una intolerable negación de las capacidades y potencialidades creativas del ser humano, frente a lo cual la única política inteligente consiste en trascender al capital. 

     Si bien Harvey no lo explica así, de una manera muy general, podríamos señalar que estas tres contradicciones “peligrosas” se relacionan entre sí como lo hacen un impulso, su resistencia y la saturación, en el sentido de que el crecimiento exponencial obliga a la degradación del medio y de lo humano, y es el humano el que le debe poner fin. Ello en el entendido de que cada una de éstas es una contradicción dentro de sí misma, y no sólo frente a las demás.

     El impulso consiste en la necesidad del crecimiento. En ese orden, Harvey (2014) explica “El capital siempre gira en torno al crecimiento y en su caso este es necesariamente exponencial y acumulativo (…)” (p. 219). Para todo/a capitalista, es una condición necesaria obtener un beneficio de su inversión, lo que implica “(…) la existencia de más valor al final del día del que había al principio, lo que significa una expansión de la producción total del trabajo social. Sin esa expansión no puede haber capital.” (Harvey, 2014: 219) en otras palabras, no es posible una economía capitalista con crecimiento cero, y cuando ello sucede, define un estado de crisis para el capital.

     A partir de la década de 1970 –cuando se desmorona la vinculación del dinero con mercancías-dinero como el oro y la plata, en un contexto de baja de la tasa de ganancia- se asiste a un mundo donde predomina la ausencia de límites para la creación de dinero. Antes de dicha ruptura, la vía preferente para la inversión del capital se encontraba en la producción directa de plusvalor en sectores productivos como industria, minería, agricultura y urbanización. Gran parte de esa actividad se financiaba mediante el endeudamiento, sin embargo, ese capital ficticio acababa teniendo un respaldo en producción, mediante la aplicación de trabajo social a la producción de mercancías concretas. Pero desde la década de 1970 la rentabilidad de los activos productivos se redujo, y buena parte del dinero emitido terminó en inversiones financieras, como por ejemplo, deuda pública a los países en vías de desarrollo –donde América latina tiene un rol clave- que estalló años más tarde como crisis de la deuda. En general, desde ese momento se asiste a un capitalismo cada vez más “de casino” donde el componente ficticio de la inversión se torna importante. En general, se robustecen todas las formas de capital parasitarias y rentistas. En palabras del autor Harvey (2014):

Lo que ahora resulta tan sorprendente es el creciente poder de los rentistas improductivos y parasitarios, no simplemente de los propietarios de tierra y de los recursos que residen en ella, sino de los propietarios de títulos, de los todopoderosos bonistas, de los propietarios de un poder monetario independiente, que se ha convertido en un medio de producción esencial en sí mismo, y de los propietarios de patentes y derechos de propiedad que son simples títulos sobre trabajo social liberados de cualquier obligación de movilizarlo con fines productivos. Las formas parasitarias del capital están en pleno auge. ( p. 240)

     El límite material con el que choca este crecimiento exponencial, y la predominancia de estas formas parasitarias de capital, no sólo asfixian al sector productivo, sino que impactan sobre las condiciones en las que se produce la riqueza social. El capital devora la tierra y el trabajo y las deshumaniza. Es de esta forma que el capital puede destruir la naturaleza y reducir la vida humana a lo inhumano, por lo que encuentra en ello una resistencia que lo obliga a la reinventarse, y que, de acuerdo a Harvey, no es impedimento para que el capital logre reconfigurarse una y otra vez a fin de seguir explotando.

     En este sentido, el único freno del capital no podría ser otro que la voluntad humana. Es la saturación respecto del curso que lleva el devenir de estas contradicciones la única tendencia que podría realmente acabar con el capitalismo. Como señala el autor, “(...) no se trata de que el capital no pueda sobrevivir a sus contradicciones, sino de que el coste de hacerlo resulte inaceptable para la mayoría de la población” ( p.257). Y frente a esto, reafirma Harvey: “Antes de que ocurra todo esto, la esperanza es que surjan movimientos sociales y políticos que lo eviten y cambien la manera en que vivimos y amamos, sobrevivimos y nos reproducimos” ( p.258).

     Vemos entonces que la propuesta política del autor conduce a abrazar un humanismo revolucionario, que ponga en el centro de la sociedad y su reproducción nada más –y nada menos- que al ser humano,  para poner fin  a esta forma  de alienación. En resumidas cuentas: “La acumulación de capital nunca cesará. Habrá que detenerla. La clase capitalista nunca entregará voluntariamente su poder. Habrá que desposeerla.”

     Pensamos que la propuesta de Harvey es de gran interés para motivar un debate en la academia latinoamericana, donde se discutan las consecuencias, en las dinámicas locales, de las tendencias de este capitalismo contemporáneo parasitario y depredador. Desde América Latina, donde la presión sobre la fuerza de trabajo y los recursos naturales es elevada debido a la manera específica como se articulan las economías nacionales a la economía mundial, estas tendencias predatorias del capital parecen, en efecto, claras y nítidas. Sin embargo, más allá del planteamiento general de lo propuesto por Harvey, la tarea de explicar estas dinámicas particulares a nivel regional y nacional -y de elucidar y denunciar su tendencia a atentar contra la dignidad humana- recae en una intelectualidad crítica latinoamericana que –salvo excepciones- ha permanecido en su mayoría alejada de estos debates. En dicho contexto, pensamos que conceptos como el de “superexplotación del trabajo” –junto a una aplicación creativa de la teoría del valor a la explicación concreta de la articulación de la esfera de la producción de la región a la circulación capitalista mundial- resultan claves y necesarios. Marini (1973). Osorio, (2004). En otras palabras, más que como una guía o un manual, el último libro de Harvey puede servirnos para insistir en la actualidad de estudiar y profundizar en la expresión regional de las tendencias del capitalismo contemporáneo, tendencias que muchas veces, en la periferia capitalista se ven exacerbadas.

 

Bibliografía

Harvey, D. (2014). Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Quito: Editorial IAEN.

Marini, R. M. (1973). Dialéctica de la dependencia. México: Era.

Osorio, J. (2004). Crítica de la economía vulgar. Reproducción del capital y dependencia. México: Miguel Ángel Porrúa.