Las formas históricas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y la dialéctica de la dependencia latinoamericana

 

Camilla dos Santos Nogueira[1]

 

The forms of historical workforce overexploitation and dialectics of Latin American dependency

 

As formas históricas da superexploração da força de trabalho e a dialética da dependência latino-americana

 

Enviado: 15 de junio de 2016

Aceptado: 11 de octubre de 2016

 

Resumen

En la teoría de Ruy Mauro Marini se plantea que el intercambio desigual y las transferencias de valor son el origen de la dependencia de los países periféricos. Los mecanismos de superexplotación de la fuerza de trabajo aparecen como una forma de recuperación de la pérdida de valor en el comercio internacional y se presenta mediante el aumento de la intensidad del trabajo, la extensión de la jornada laboral y la apropiación de una porción del fondo de consumo del trabajador por parte del capitalista. Realizada la recuperación teórica de estas dos categorías fundamentales de la teoría de la dependencia marxista –el intercambio y la superexplotación de la fuerza trabajo desigual– este artículo está dedicado a explicar cómo se pueden combinar las formas históricas de la superexplotación de la fuerza de trabajo y los modelos de desarrollo económico de América Latina, haciendo hincapié en el neoliberalismo, como la actual forma de la dependencia, cuya superexplotación aparece a través de la informalidad, la flexibilidad y la desregulación del trabajo.

Palabras clave: intercambio desigual; dependencia; superexplotación de la fuerza de trabajo.

JEL: B51, F02, O10

 

Abstract

Unequal exchanges and the transfer of value arise in Marini's theory as the origin of the dependence of peripheral countries. Already the overexploitation mechanisms of the labor force appear as the form of lost value recovery in international trade, and present by increasing the intensity of work, extension of working hours and the appropriation by the capitalist, portion of the worker's consumption fund. Once the theoretical recovery of these two key categories of the theory of Marxist dependency has been set –unequal exchange and overexploitation of the workforce–, this article is dedicated to explaining how to combine the historical forms of overexploitation of the workforce and the Latin American development models economic. It also emphasizes neoliberalism as the current historical form of dependence, whose overexploitation appears through the informality, flexibility and deregulation of work.

Keywords: unequal exchange, dependency; overexploitation of the workforce.

JEL: B51, F02, O10

 

Resumo

As trocas desiguais e a transferência de valor surgem na teoria de Ruy Mauro Marini como a origem da dependência dos países periféricos. Já os mecanismos de superexploração da força de trabalho aparecem como a forma de recuperação de valor perdido no âmbito do comércio internacional, e se apresentam através do aumento da intensidade do trabalho, da extensão da jornada de trabalho e pela apropriação, por parte do capitalista, de parcela do fundo de consumo do trabalhador. Feita a recuperação teórica dessas duas categorias chaves da teoria da dependência marxista –trocas desiguais e superexploração da força de trabalho–, o presente artigo se dedica a explicar como se conjugam as formas históricas da superexploração da força de trabalho e os modelos latino-americanos de desenvolvimento econômico, enfatizando o neoliberalismo, como a atual forma histórica da dependência, cuja superexploração aparece por meio da informalidade, flexibilidade e desregulamentação do trabalho.

Palavras-chave: trocas desiguais, dependência; superexploração da força de trabalho.

JEL: B51, F02, O10

 

 

Introducción

Ruy Mauro Marini, en Dialéctica de la dependencia (2005), señala la superexplotación de la fuerza de trabajo como una característica estructural inherente a la condición dependiente de los países de la periferia del centro del capitalismo mundial. El concepto de superexplotación de la fuerza de trabajo, como parte de la teoría del valor, es uno de los más complejos en la economía política marxista. Para su mejor comprensión, es necesario entender la relación entre los niveles de producción y circulación. Tal articulación explica los efectos de la competencia capitalista establecidos a nivel mundial.  Con este fin, se recupera la teoría marxista, que es esencial para el tratamiento de la dinámica real del sistema de producción capitalista y, en consecuencia, la explicación de los fenómenos que configuran y caracterizan la condición de dependencia. Este es el camino que nos permitirá aclarar la formulación de la categoría de superexplotación de la fuerza de trabajo, según los aportes de Marini y otros teóricos contemporáneos de la dependencia.

La hipótesis de este artículo es que los determinantes de la superexplotación de la fuerza de trabajo se encuentran en la forma dependiente en que América Latina se insertó en el mercado mundial y está presente en toda su formación económica y social. El objetivo de este artículo es demostrar que esta categoría permite explicar las especificidades de América Latina con respecto a su inserción en el mercado mundial.  Lo que queremos señalar en este artículo es que, para aumentar la masa de valor producida, el capitalista debe necesariamente elevar la explotación de la fuerza de trabajo, ya sea por aumento de su intensidad o por la prolongación de la jornada de trabajo, a través de la apropiación de parte del fondo de consumo de los trabajadores o por la combinación de los tres procedimientos.

El texto presenta una limitación que guía sus contornos analíticos. La primera se refiere al carácter general del análisis de América Latina. Aparte de las similitudes en los procesos de desarrollo, la región fue escenario de una gran diversidad de situaciones históricas que no se tratan aquí. En este sentido, no es pretensión de este estudio atribuir ciertas relaciones estructurales, de manera rígida y absoluta, en la articulación entre los modelos de desarrollo y la superexplotación de la fuerza de trabajo. Al contrario, se pretende caracterizar los movimientos y tendencias estructurales inherentes a la lógica interna de los modelos, basados en la experiencia histórica de la región. La comprensión de las realidades nacionales, en ejercicios posteriores, sugiere la necesidad de relativizar este marco analítico general, conforme a las especificidades socioeconómicas y políticas del desarrollo de cada país.

 

1. “El secreto del intercambio desigual” y la superexplotación de la fuerza de trabajo

Pocos temas de la historia del pensamiento económico han sido tan controvertidos como la relación entre países periféricos-dependientes y países centrales. En América Latina, los debates se remontan a los años ‘50, que tuvo con la teoría marxista de la dependencia una lectura crítica, no dogmática, de los procesos de reproducción del subdesarrollo en la periferia del capitalismo mundial, a diferencia de las lecturas marxistas ortodoxas de los partidos comunistas y de la visión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

Para la teoría marxista de la dependencia, la caracterización de los países como “atrasados” surge de la relación en el capitalismo mundial entre países centrales y periféricos. La dependencia, como destacó Marini (2005), no fue forjada por la condición de agrario-exportadora agraria o por la herencia precapitalista de los países subdesarrollados, sino por el patrón de división internacional del trabajo del capitalismo moderno, determinado por imperialismo (Dos Santos, 1978). La división se produce entre países cuyos capitales centralizan el proceso de acumulación capitalista y tienen parques industriales basados en tecnología avanzada, que les permite sostenerse por sí mismos y expandirse; y los países que transfieren valor son proveedores de mano de obra y recursos naturales baratos, que poseen parques industriales especializados en productos de bajo valor agregado y tecnología atrasada. Así, se observa la configuración de la dependencia a medida que el desarrollo de ciertas partes del sistema se produce a expensas del subdesarrollo de otras.

Para Osorio (2016: 500), “el punto de partida cualitativamente diferenciado de los valores de uso que se pueden producir en unas u otras economías no es un asunto de menor importancia”, dado que la producción de bienes industriales potencia el surgimiento de ramas y sectores complementarios, además del constante desarrollo de las fuerzas productivas, mientras que la producción de materias primas y alimentos se produce de manera restringida, sin estímulo a la formación de redes internas de producción, limitándose a niveles reducidos de desarrollo de las fuerzas productivas.

El origen del proceso de dependencia se produce en la dinámica del comercio internacional, a medida que el intercambio entre los países ocurre de manera desigual. Si bien los tipos de valor de uso producidos e intercambiados serán determinantes para crear brechas entre países centrales y periféricos (Osorio, 2016), no será suficiente para comprender la producción de valor en las mercancías intercambiadas en el comercio internacional.

El valor, en tanto relación social producida en el seno del capitalismo, se crea a través del trabajo social y se expresa a través de la producción de valores de uso y valores de cambio. Los valores de cambio, o magnitudes de valor, se expresan en la forma de precio y en la forma de dinero. La forma precio se presenta, según el nivel de abstracción, como precio de producción y como precio de mercado, y expresa las formas que el capital dispone para eludir la ley del valor[2] y transferir valores en la dinámica del comercio internacional. En la dinámica capitalista, el precio gravita alrededor del valor, pero, solo en algunas situaciones, el valor y el precio se igualan. Afirma Marini (2005: 151) que “en la práctica, se observan diversos mecanismos que permiten realizar transferencias de valor, pasando por encima las leyes de cambio, y que se expresan en la forma en que se fijan los precios de mercado los precios y los precios de producción de las mercancías”.

De esta primera digresión, es posible apuntar dos conclusiones iniciales. En primer lugar, que, para comprender el intercambio desigual, es importante analizar lo que produce, pero también el precio de lo que se produce, con el fin de comprender, a partir del sentido de totalidad, la forma en que las mercancías producidas por la periferia llegan al mercado internacional. Por otra parte, las explicaciones del intercambio desigual no se encuentran en simplificaciones como la ley de la oferta y la demanda, porque, a pesar de que la competencia es decisiva en la determinación de los precios, esa ley oculta la esencia del fenómeno, asentada en la explotación capitalista internacional (Marini, 2005). Marini recuperó la dinámica del proceso de competencia desarrollado por Marx (2009d) en el tomo III de El Capital, donde presenta la configuración de la ley del valor en el ámbito de la circulación de capitales.

Marx (2009d: 195) formula el esquema de competencia para aclarar la dinámica del proceso de transferencia de valor entre capitales del mismo sector y entre capitales de diferentes sectores, que se articula con el análisis de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia[3]. A partir de este esquema marxiano es que Marini (2005:145) explica cómo se formula el “secreto del intercambio desigual”, la raíz del proceso de dependencia. En las siguientes líneas, sistematizaremos el planteo de Marx, entrelazando elementos generales con la realidad concreta, en el seno de la competencia en el mercado internacional.

La competencia en el sistema capitalista se produce de una manera diferente cuando se analiza entre sectores o dentro del mismo sector. Las diferencias se refieren no solo a cómo se pone en práctica la competencia, sino, principalmente, a los resultados que ofrecen ambos niveles de análisis, dado que la competencia produce dos movimientos distintos de igualación. Para los capitales dentro de la misma industria, el proceso competitivo tiende a establecer un precio único de venta, incluso si las condiciones de producción de las empresas son diferentes. Mientras tanto, para los capitales en diferentes esferas de la producción, el proceso competitivo tiende a igualar las tasas de ganancia. Nos interesa explicar en qué medida la competencia determinará la condición de dependencia de países periféricos, ya que es a través del proceso competitivo que se manifiestan las leyes intrínsecas del capitalismo.

Además de la transferencia de valor entre empresas, la competencia intrasectorial produce la reducción de precios y, por lo tanto, la caída de la tasa de ganancia media. Este resultado se relaciona con la primera ley general del proceso de producción de riqueza señalado por Marx (Amaral y Carcanholo, 2012), que indica que, debido al proceso de competencia en busca de mayor plusvalía, las empresas buscan incesantemente incrementar su productividad, generando así la caída del valor de mercado de las mercancías, dado el exceso de oferta y, por lo tanto, la caída en la tasa de ganancia de las empresas pertenecientes al sector en cuestión.

Entre los resultados derivados de la competencia intersectorial, se observan dos efectos que están intrínsecamente relacionados: la formación de una ganancia media y las transferencias de valores entre sectores. Los diferenciales de rentabilidad y la competencia entre los sectores causan transferencias de capital, de un sector a otro, que a su vez afecta el nivel de oferta de las industrias. Esta variación de la oferta, por otro lado, afecta a niveles de precio y, por lo tanto, induce la igualación de las tasas de ganancias. La vía encontrada para enfrentar esta reducción de la tasa de ganancia es, entre otros medios, la transferencia de valores en el mercado mundial, que beneficia a las empresas que tienen alta composición orgánica del capital en detrimento de las de baja productividad.

Marx (2009d: 303) afirma que la expansión de los países centrales hacia las regiones menos desarrolladas del mundo es una de las formas creadas por esas economías capitalistas para contrarrestar la tendencia a la caída de la tasa de ganancia[4]. La razón que lleva a la conquista del mercado mundial es que el capitalismo no encuentra en sus propias relaciones de producción el mercado necesario para su desarrollo. La caída de tasa de ganancia es contrarrestada a través de los intercambios no equivalentes en el comercio exterior, a través de los cuales los empresarios de los países desarrollados exportan sus productos a los países coloniales y dependientes, y reciben sobre-ganancias. Así, Marini (2005: 148) aclara que “[...] América Latina no sólo alimenta la expansión cuantitativa de la producción capitalista en los países industriales, sino que también contribuye a superar los obstáculos que el carácter contradictorio de la acumulación del capital crea para esta expansión”.

Será el estímulo al comercio exterior el que permitirá a los países centrales recuperar la plusvalía absoluta, a través de la plusvalía relativa, es decir, mediante la reducción de los precios de los bienes y el aumento de la productividad. A través de esa expansión, es posible ampliar la escala de producción, reducir el costo de las materias primas y de los productos necesarios para mantener y reproducir la fuerza de trabajo, reduciendo su valor real, y manteniendo los salarios en niveles muy bajos. Así, es posible aumentar la tasa de ganancias, reduciendo la composición orgánica del capital, lo que constituye una contra-tendencia que opera sobre la tendencia de caída de la tasa de ganancias.

Las empresas de menor composición orgánica y baja productividad, típicas de países periféricos, además de no ser capaces de crear una demanda interna para realizar su venta, tienen los precios de sus productos depreciados y desvalorizados como resultado de la competencia intrasectorial (disminución de la plusvalía absoluta) e intersectorial (transferencia de valor). Por lo tanto, el deterioro de los términos de intercambio indica otro aspecto del intercambio desigual, en la medida en que se cambian más horas de trabajo por menos horas de trabajo, lo que para Marini (2005: 149), “es el hecho suficientemente conocido que el aumento de suministro de alimentos del mundo y materias primas ha estado acompañada por la caída de los precios de estos productos, en relación con los precios alcanzados por las manufacturas”.

La competencia intrasectorial reducirá la masa de plusvalía absoluta de los sectores productores de bienes-salarios, generados a partir de incrementos en la productividad y de la competencia intersectorial para este sector específico de la producción. Por lo tanto, para el sector productor de bienes-salarios, hay aspectos tanto de la competencia intrasectorial como de la intersectorial que determinan que sus precios se fijen por debajo de su valor, siendo determinantes para entender la manera en que los países periféricos se insertan en el comercio internacional.

Esta forma particular que el capitalismo adopta en la periferia, una especie de “capitalismo incompleto” al que Marini llamó sui generis (2005: 138), se produce porque una parte de los excedentes generados en estos países es enviada al centro, debido al deterioro de los términos de intercambio y en la forma de dividendos, intereses, regalías y patentes. Por lo tanto, la sistemática transferencia de valor, por la cual la plusvalía producida en la periferia es apropiada y acumulada en el centro, impide la acumulación de capital en los países de la periferia.

La pregunta que surge de la referida explicación es, entonces, por qué los países con capitales de menor productividad se mantienen en el mercado mundial. La respuesta consiste justamente en la dialéctica de la dependencia, según lo explicó Marini:

Desarrollando su economía de mercado, en función del mercado mundial, América Latina es llevada a reproducir en su seno las relaciones de producción que estaban en el origen de la formación de este mercado y determinan su carácter y su expansión. Pero este proceso fue marcado por una profunda contradicción, llamada a contribuir a la acumulación de capital basada en la capacidad productiva del trabajo. En los países centrales, América Latina tuvo que hacerlo mediante la superexplotación del trabajador. Es en esta contradicción que se encuentra la esencia de la dependencia de América Latina (2005: 162).

Aunque las contradicciones se exacerban en el ámbito de la circulación y la competencia, la dialéctica de la dependencia está presente en el ámbito de la producción, donde se encuentra la esencia de la acumulación capitalista, dado que la única posibilidad de compensación de las pérdidas es que el precio de la fuerza de trabajo se fije por debajo de su valor, es decir, por la superexplotación de la fuerza de trabajo. Esta expropiación de valor solo puede ser compensada e incrementada en el plano de la producción, y no en el plano de las relaciones de mercado, por medio del desarrollo de la capacidad productiva (Marini, 2005).

La dialéctica de la dependencia es la que explica, en este plano de análisis, que la oferta mundial de materias primas y alimentos aumente a medida que se acentúa el margen entre sus precios de mercado y el valor real de la producción. Así, la dinámica del intercambio desigual conduce a la sobreexplotación de la fuerza laboral, y no en estructuras capaces de romper con los mecanismos de transferencia de valor. Esto implica necesariamente una distribución regresiva del ingreso y la riqueza, y en todos los agravantes sociales ya conocidos. Teniendo en cuenta estas características estructurales de la dependencia, se pretende identificar los aspectos que explican la superexplotación de la fuerza de trabajo en la periferia para continuar con su proceso interno de acumulación.

 

2. La superexplotación de la fuerza de trabajo

Como se explicó antes, en la dialéctica de la dependencia, los países periféricos, en los que el sector productor de bienes-salarios es predominante, compensarán la pérdida de plusvalía a través de la superexplotación de la fuerza de trabajo. Sin embargo, es necesario introducir algunas distinciones pertinentes. Cuando Marx (2009a; 2009b) formula la categoría de plusvalía, destaca que el trabajo es el proceso de consumo el valor de uso de la fuerza de trabajo, en tanto esta es la capacidad para trabajar[5]. Por lo tanto, el trabajador vende al capitalista su fuerza de trabajo, su capacidad de trabajo, y no su trabajo. Esta distinción aclara la relación de la superexplotación con la fuerza de trabajo y no con el trabajo en sentido estricto.

Otra distinción relevante es la diferencia entre explotación y superexplotación de la fuerza de trabajo. Osorio (2009b) explica que esta última no implica mayor exploración, como apuntan muchos de los críticos de la teoría de la dependencia. El autor afirma que la explotación de fuerza de trabajo se produce por la propiedad del capital del producto excedente generado por los trabajadores, en el que “la generación de este producto está dada por la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo y el valor generado por encima de ese valor. Para decirlo de otra manera, la existencia de un exceso de trabajo sobre el tiempo de trabajo necesario” (Osorio, 2009b: 175). La superexplotación es una forma de explotación en la que no se respeta el valor de la fuerza de trabajo.

Osorio (2009b) también aclara que, en La dialéctica de la dependencia, Marini distingue entre la explotación apoyada en el aumento de capacidad productiva –que puede llevarse a cabo respetando el valor de la fuerza de trabajo e incluso con mejores salarios y mayor consumo, situación frecuente en los países– de las formas de explotación que apoyan en la reducción del valor de la fuerza de trabajo (que predominan en el mundo dependiente).

Osorio (2009b: 174) afirma que, aunque la superexplotación no aparece en El Capital, lo que ha generado muchas críticas. Esto no significa, sin embargo, que Marx desconociera el tema y señala que “[...] los límites que Marx se autoimpone por razones de método, para desentrañar la lógica que organiza, articula y reproduce la economía burguesa, lo llevan a no analizar el problema”.

Los mecanismos de superexplotación de la fuerza de trabajo, para compensar la pérdida de valor en el mercado mundial y hacer posible la continuidad del proceso de acumulación capitalista en la periferia, son el aumento en la intensidad del trabajo, la ampliación de la jornada de trabajo y la apropiación por el capitalista de parte del fondo de consumo de los trabajadores.

La primera de estas formas de superexplotación denota que, en una jornada de trabajo constante, se intensifica el trabajo y el trabajador pasa a producir más valor en el mismo espacio de tiempo. Es muy común la confusión entre la productividad y la intensidad del trabajo, porque ambas implican el aumento de la producción. Hay, sin embargo, algunas diferencias esenciales. La productividad está asociada con el cambio tecnológico y la organización del trabajo, que, a pesar de aumentar el desgaste de la fuerza de trabajo, disminuye la cantidad de trabajo utilizada. Este proceso no ocurre cuando hay un aumento en la intensidad de trabajo, porque, como señala Osorio (2012), esta significa que el individuo trabaja más rápido, a un ritmo mayor, lo que implica un mayor esfuerzo, y que el aumento en la cantidad de bienes producidos en menos tiempo es, por lo tanto, resultado de una mayor cantidad de trabajo.

La extracción de valor a través de mayor intensidad se produce en especial en empresas con alto nivel tecnológico y productivo, en que la duración de la jornada de trabajo es «normal» o incluso inferior a lo normal, ya que, según Osorio (2012: 58), “[...] es posible mantener durante largas horas y de manera regular en el tiempo la atención que requiere la intensificación del trabajo [...]”.

La extensión de la jornada laboral es el aumento de la plusvalía absoluta en su forma clásica. Se trata simplemente de aumentar el tiempo de trabajo excedente, que es aquel en el cual el trabajador sigue produciendo después de crear un valor equivalente a los medios de subsistencia para su propio consumo (Marx, 2009b), de modo que “sigue produciendo después de haber creado un valor equivalente a las condiciones de vida para su propio consumo” (Marini, 2005: 123). Es posible que la extensión de la jornada laboral vaya acompañada de aumentos salariales para reponer el desgaste de las horas extraordinarias. Sin embargo, con el tiempo, el desgaste físico y mental no podrán ser repuestos por aumentos en el salario y el trabajador pasa a perder su vida. Como afirma Osorio (2012: 55),

en tales casos, el capital se está apropiando hoy de los años futuros de trabajo, lo que no solo viola el valor de la fuerza de trabajo, sino que implica la reducción de la vida del trabajador y su expectativa de vida según las condiciones normales dominantes.

A menudo, asociado a las empresas de bajos niveles productivos, la extensión de la jornada es un mecanismo recurrente de extracción de valor en países periféricos. Osorio (2012) señala que tanto las situaciones de crisis, cuando la clase obrera es más vulnerable, como en las condiciones actuales de la globalización financiera, están asociadas a la extracción de plusvalía absoluta. Los trabajadores de los países centrales también sufren en ese mismo contexto, pues la transnacionalización por la que las plantas productivas migran hacia las regiones periféricas reduce la demanda de trabajo, obligándolos a aceptar reducciones salariales y prolongación de las horas de trabajo.

La apropiación por el capitalista de parte del fondo de consumo del trabajador es el mecanismo de extracción de valor específico de los países periféricos, en el cual la clase capitalista se encuentra fortalecida para imponer una caída en los salarios a un nivel inferior al que corresponde al valor de la fuerza de trabajo. Esta apropiación de parte del fondo de consumo de los trabajadores, es, por tanto, una expropiación de parte del trabajo necesario para restablecer la fuerza de trabajo. Como afirman Amaral y Carcanholo (2012: 100), “significa decir, de manera general, que el trabajo se remunera por debajo de su valor y esto, en sí mismo, deja patente la existencia de superexplotación”.

El valor de la fuerza de trabajo es la cantidad de trabajo socialmente necesario para su reproducción. La cantidad de trabajo, a su vez, se determina por la magnitud del valor de los bienes necesarios para la reproducción de su fuerza de trabajo y también para la reproducción de la familia del trabajador (Marx, 2009a). Osorio (2012) destaca que, si un trabajador puede trabajar 30 años en condiciones normales, el pago diario de su fuerza de trabajo debería permitir ayudarlo de tal manera que pueda introducirse en el mercado de trabajo durante treinta años o vivir retirado en condiciones normales, y no por debajo de ellas.

El eje de acumulación del capitalismo de la periferia es sostenido por la superexplotación de la fuerza de trabajo, porque, como afirma Marini (2005: 40), “el fundamento de la dependencia es la superexplotación”. Esta manera de reproducción del capitalismo en la periferia es acentuada por la existencia de un enorme ejército industrial, que presiona a la baja de los salarios (Marx, 2009b).

Para Osorio, la reducción de los salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo compensa las transferencias de valor de las regiones periféricas al centro y termina “[...] transformando el fondo necesario de consumo del trabajador en un fondo de acumulación del capital, dando lugar a una forma particular de reproducción capitalista y una forma particular de capitalismo: el dependiente” (Osorio, 2012: 175). En contrapartida, el consumo del trabajador no es esencial para la reproducción del capital, porque el mercado interno es insignificante, dado que el ciclo de capital se completa en comercio exterior (Osorio, 2009a). Ambas condiciones explican por qué la reducción de los salarios por debajo del valor de la fuerza de trabajo es el mecanismo de extracción de valor específico de los países periféricos.

Es importante tener en cuenta que el bajo nivel de desarrollo de las fuerzas productivas en América Latina, junto con los valores de uso que allí se producen, es crucial para los métodos de extracción de trabajo excedente y establece un modo de producción fundado exclusivamente en la mayor explotación de la fuerza laboral a través de los mecanismos de superexplotación de la mano de obra, y no en el desarrollo de su capacidad productiva.

Los mecanismos de superexplotación de la fuerza de trabajo son descritos por Marini de manera conjunta, no como formas separadas de extraer valor. Además, indica que la superexplotación ocurre indirectamente cuando aumenta la jornada, se intensifica el trabajo o se realiza directamente en el valor diario de la fuerza de trabajo, esto es, cuando hay de apropiación de los salarios. Así, los salarios bajos, la ampliación de la jornada de trabajo y la intensificación del trabajo, que resultan en la disminución de la vida útil de los trabajadores, representan un claro caso de apropiación de los futuros años de trabajo de los trabajadores.

Finalmente, es necesario presentar algunas consideraciones sobre la relación entre la superexplotación de la fuerza laboral y la pobreza. Osorio (2016) aclara que esta nada tiene que ver con la pobreza absoluta, sino con la pobreza relativa, por la que un individuo o su familia tienen el mínimo necesario para subsistir, pero no tienen los medios para vivir según la zona donde se insertan, ni como personas de estatus social comparable. En condiciones de superexplotación, los salarios de los trabajadores no permiten el consumo de bienes necesarios y los bienes sociales, afectando por ello la reproducción normal de la fuerza de trabajo e incrementando la pobreza relativa.

Mientras que la superexplotación tiene “consecuencias decisivas para la reproducción del capital y en las formas de inserción de las economías latinoamericanas en el sistema mundial” (Osorio, 2016: 516), la pobreza relativa se convierte en un factor decisivo para el funcionamiento del capitalismo dependiente. De esta manera, los problemas sociales y la superexplotación de la fuerza laboral han agravado el cuadro de emergencia social inherente a América Latina. El trabajo precario y la pobreza son los resultados de la forma en que las relaciones económicas se reproducen en la región, y que, finalmente, justifican la formulación de políticas sociales compensatorias, focalizadas y, en gran parte, presentes en los países de América Latina que apenas crean las condiciones para que los pobres se mantengan en condiciones de pobreza relativa, con acceso restringido a algunos nichos de consumo.

En este sentido, la combinación de nuevas políticas de desarrollo y lucha contra la pobreza viene originando una nueva sociabilidad que se basa en la ideología del consenso, promoviendo la ampliación de capital y la satisfacción de las necesidades básicas para la supervivencia de los pobres, a través de la posibilidad de establecer un equilibrio entre el crecimiento y el desarrollo social.

 

3.  Las formas históricas de superexplotación de la fuerza de trabajo

Como ya se explicó, las economías dependientes recuperan los valores perdidos en el comercio internacional mediante la superexplotación de la fuerza de trabajo, ya que, según Marini, esta “constituye así el principio fundamental de la economía subdesarrollada” (2005: 32). Como categoría teórica, la superexplotación ofrece diversas relaciones entre ideas y hechos, que son sintetizadas a partir de los patrones de reproducción del capital en un territorio específico: los países dependientes.

Así, además de los aspectos relacionados con el desarrollo de la capital y sus diferentes maneras de extraer valor, también es importante analizar la formación económica y política, porque los diferentes procesos productivos que determinan diferentes consumidores, diferentes mercados y políticas estatales crean distintas formas de reproducción y valorización del capital. Por otro lado, la aparición, el auge y el declive de un patrón de reproducción, así como la formación de un nuevo patrón, establecen proyectos de reproducción del capital basados en más o menos explotación del trabajo.

Estos aspectos de la historicidad indicarán la importancia de la dinámica económica y política, y de los conflictos de clase, en la reproducción del capital. Así, es relevante saber cómo, en condiciones de dependencia, la superexplotación de la fuerza de trabajo se desarrolla históricamente en América Latina, según los distintos patrones de reproducción del capital. Dado que la superexplotación se expresa en el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor, mediante el aumento de la jornada, de la intensidad de trabajo y la reducción del salario, ¿cómo se conjugan históricamente estos tres mecanismos en los distintos regímenes normativos de la fuerza de trabajo?

Dos Santos (1978), en sus primeros estudios, sintetizó tres formas históricas de la dependencia. La primera sería la dependencia colonial, cuando la exportación de productos primarios fue la principal actividad económica y estuvo dominada por la alianza del capital comercial y financiero europeo con los Estados coloniales. La segunda forma de dependencia se hace más fuerte a finales del siglo XIX y es el escenario de dependencia dentro de industrial-financiero, caracterizado por la dominación del capital de los centros hegemónicos, que se amplió a través de inversiones en los países periféricos en la producción de materias primas y productos agrícolas para consumo personal. Por último, en la década de 1950, se consolida la dependencia tecnológica e industrial, considerada la tercera forma histórica, basada en corporaciones multinacionales que invertían en la industria dirigida al mercado interior de los países subdesarrollados.

Marini (2005) identifica tres períodos importantes en la economía latinoamericana que van a determinar de una manera diferente las etapas históricas, a saber: la economía primaria de exportación, la industrialización sustitutiva de importaciones después de la guerra y la globalización, fase que Marini solo llega a esbozar. Marini (2008) entiende a esta última como una nueva fase del capitalismo, en la que el desarrollo de las fuerzas productivas y su difusión internacional expresan la madurez del mercado del mundo y la vigencia cada vez más intensa de la ley del valor; además, sostiene que es el neoliberalismo, en tanto modelo económico, el que creó las condiciones para la libre circulación de mercancías y de capitales. Según Marini (2008), la globalización creará las condiciones para contrarrestar la crisis del capitalismo que comenzó en los años 1970 y la formación de una nueva división internacional del trabajo, que incluye la participación de un “ejército industrial globalizado” que determinó nuevas condiciones de dependencia.

Analicemos estas formas históricas de la dependencia por orden; el modelo primario-exportador, el de sustitución de importaciones y, finalmente, el neoliberal (nueva fase de dependencia de América Latina).

El modelo primario exportador se desarrolla en América Latina entre 1850 y 1930, cuando la exportación de productos primarios fue la principal actividad económica y estaba dominada por la alianza del capital comercial y el capital financiero europeo con los Estados coloniales (Dos Santos, 1978). Marini (2005) indica que la superexplotación de la fuerza de trabajo en este modelo fue determinada por tres condiciones: el deterioro de los términos de intercambio; la separación entre la producción de bienes consumidos por la fuerza de trabajo y la producción de bienes de exportación; y el aumento del ejército industrial de reserva mediante el uso de la mano de obra indígena y flujo de inmigración.

En el comercio internacional, entre 1850 y 1880, América Latina aumentó el suministro de materias primas y productos alimenticios como consecuencia del incremento en la productividad de las economías centrales. Más tarde, para satisfacer la creciente demanda, los países periféricos emplearon una mayor cantidad de mano de obra, obteniendo altas tasas de ganancia, puesto que el intercambio se estableció con base en el valor. Las altas tasas de ganancias, junto con la aparición del capital financiero y el excedente de capitales de la economía internacional, aumentaron las inversiones extranjeras en países periféricos, lo que resulta en mayor endeudamiento, saldos negativos en la balanza de pagos y deterioro de términos de intercambio (la inversión de capital cambió el intercambio de valor por precios de productor).

La masa de la plusvalía generada se redujo en las economías periféricas, en primer lugar, por la elevación de la composición orgánica del capital en los sectores de exportación, impulsados por las políticas públicas para el estímulo del progreso técnico; en segundo lugar, por la desvalorización de las mercancías, debido a la búsqueda de ganancias extraordinarias en el sector exportador, junto a la reducción de la demanda internacional por sustitución de productos primarios por otros sintéticos y las políticas proteccionistas de los países centrales.

La masa de la plusvalía se recuperó a través de la reducción de salarios y el aumento de las horas de trabajo, lo que implica el pago de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. No se incrementó la intensidad creciente del trabajo debido a la baja de productividad característica de la economía primaria de exportación. Además, las políticas públicas de inmigración y de apropiación de la tierra crearon las condiciones materiales para aumentar el excedente de fuerza de trabajo[6]. Por lo tanto, la reducción de la masa de la plusvalía, por factores condicionados, por la competencia internacional y por la dinámica interna de las economías periféricas, condujo al sobrepastoreo de la fuerza laboral como la tasa de recuperación de ganancias.

Al final del siglo XIX y principios del XX, el modelo primario-exportador presentó un agotamiento debido a las sucesivas crisis económicas y guerras mundiales, y a las propias modificaciones en la estructura productiva de los países de la región. La Primera Guerra Mundial y, más tarde, la crisis de la década de 1930, tuvieron impacto en el continente a través del encarecimiento de las importaciones y la disminución del valor y las cantidades de las exportaciones, imposibilitando la viabilidad de dicho modelo. Entre 1930 y 1950, el eje de acumulación se desplazó de la agricultura a la industria, como una manera de resolver la crisis internacional. Será en este período que el modelo de sustitución de importaciones tiene su auge.

Este modelo enmarcó el periodo desarrollista y empieza a partir de la alta composición orgánica de sectores exportadores de producción, dirigiéndose a la lucha contra la inflación, el deterioro de los términos de intercambio y la devaluación del tipo de cambio, y buscando implementar diversas formas de protección del mercado interno. El modelo promovió primero la sustitución de las importaciones de bienes de consumo y de insumos necesarios para la producción, desplazándose luego hacia producción productos suntuarios.

La relación capital-trabajo cambió a través del modelo de sustitución de importaciones. Inicialmente, la superexplotación se mantuvo debido al ejército industrial de reserva, tal como en el modelo primario exportador. Con la crisis de este último modelo, la industria comenzó a absorber los excedentes de obra, aunque con salarios más bajos, aumentos de la productividad y la intensidad del trabajo. Sin embargo, gracias al momento de la crisis internacional, la producción de bienes de consumo lograba precios de mercado por encima de los precios de producción, lo que mejoraba la tasa de ganancia, disminuyendo la extracción de valor a través de la superexplotación (Marini, 2005).

En un segundo momento, entre las décadas de 1950 y 1970, el modelo de sustitución de importaciones fue determinado por la inversión extranjera directa en el mercado interno (Martins, 2011: 299), que, junto a la incorporación de tecnología extranjera, incrementó el envío de excedentes al exterior. El “avance de la contradicción entre el aumento de la composición orgánica del capital y la caída de la masas de plusvalía global producida en los países dependientes” (Martins, 2011: 299) crearon la base para la superexplotación de la fuerza de trabajo, que se presentó de diversas maneras según la composición orgánica de cada sector. En las grandes industrias, el aumento en la intensidad del trabajo prevaleció como forma de extraer valor, mientras que en pequeñas y medianas industrias, la reducción de los salarios fue el mecanismo más utilizado (Martins, 2011: 300).

Por las dificultades que el gran capital se encontró en los países dependientes, que se tradujo en una reducción de la masa de la plusvalía debido al aumento en la composición orgánica del capital, formaron un nuevo patrón de reproducción capitalista tanto en los países dependientes como en la economía mundial: el llamado proceso de globalización neoliberal. En América Latina, la estrategia neoliberal comienza en los años ‘70, con experimentos pioneros en el Cono Sur durante las dictaduras cívico-militares, que se acentuaron en los años ‘80 con los programas de ajuste formulados por organizaciones internacionales (FMI y Banco Mundial), y se llevó a cabo en los años ‘90 con el consenso de Washington, dando por resultado un proceso de liberalización y apertura de mercados, privatización de sectores estratégicos, desnacionalización, profundización de la vulnerabilidad externa, etc.

El neoliberalismo creó una nueva etapa de la dependencia latinoamericana, una vez que redefinió la división internacional del trabajo y presionó a las antiguas periferias a participar en la mundialización financiera[7] (Carcanholo, 2014), adoptando medidas económicas de cuño liberal, exponiendo las economías a las vicisitudes de la especulación y la crisis económicas.

Sin embargo, el predominio del capital ficticio sobre el capital productivo (Carcanholo y Nakatani, 2007), característica de la mundialización financiera, encuentra dificultades cada vez mayores para producir valor o riqueza social. Por ello, se recurre a la superexplotación de la fuerza de trabajo como forma de recuperar ganancias perdidas.  Las recurrentes crisis financieras degradan las condiciones de trabajo, lo que produce el aumento de los problemas sociales en los países de América Latina, llevándolos a mayor pobreza y desempleo.

En el mundo del trabajo, los impactos de las políticas neoliberales han sido desastrosos, debido a la desregulación del trabajo, la flexibilidad laboral y la precarización del trabajo. La articulación de estos elementos ilustra el régimen laboral actual adoptado en casi todo el mundo. La nueva organización social precaria se compone de un régimen de trabajo con derechos reducidos o sin ellos, que puede encontrarse en dos formas de flexibilidad del trabajo. La primera se refiere a la adaptación de los mercados de trabajo a la innovación tecnológica y los ritmos del ciclo económico, reestructurando la organización del proceso de trabajo y la distribución de los trabajadores en las cadenas productivas, tercerizando y flexibilizando. La segunda tiene como objetivo hacer más competitivas a las empresas, con mayor intensidad de trabajo, la reducción de salarios y desregulación de la protección de los trabajadores. Esta manera negativa de flexibilidad laboral se incrementa cuando no hay contrapesos políticos por parte de los sindicatos para detener las tendencias depredadoras de la reestructuración.

Sotelo Valencia (2004), para cuantificar el trabajo precario, utiliza varias categorías. La primera implica “subempleo potencial”, que son los puestos de trabajo a tiempo completo, pero con suficientes ingresos. Según datos de CEPAL/OIT (2011), se estima que entre el 20% y el 40% de la población ocupada en América Latina en jornadas completas (45 horas en promedio) recibe un salario inferior al que se considera como media de la “línea de pobreza per cápita”, que oscila entre los 170 y 200 dólares al mes. Por otra parte, este porcentaje de ocupación con salario inferior al umbral de la pobreza ha aumentado entre el 40% y el 60% para aquellas personas que trabajan tiempo completo con menos de 10 años de estudio y menos calificación.

El segundo modo se capta a través del fenómeno de “sobreocupación”, que en las zonas urbanas de América Latina implica aproximadamente un 30% de ocupados que trabajan más de 50 horas a la semana; es decir, el 15% por encima de la jornada considerada como “normal” (44 horas en promedio por semana). De este total, entre el 20% y el 33% supera las 65 horas semanales, para obtener un sueldo apenas del 20% más alto que la línea de pobreza (entre 204 y 240 dólares). El promedio en Latinoamérica es mayor al 6% de la población de las zonas urbanas por encima del límite considerado como normal de trabajo de 44 horas.

La tercera modalidad se refiere al “subempleo visible”, que consta de todas las personas que se ven obligadas a trabajar 20 horas promedio a la semana, en malas condiciones, muy por debajo de la jornada legal. Sotelo (2004) explica que existen cuatro indicadores que confirman el “subempleo visible”: los trabajadores que trabajan menos de 35 horas a la semana, incluso si desean trabajar más; trabajadores ocupados que reciben salarios por debajo del mínimo legal; trabajadores que no están amparados por el derecho social y laboral; aumento en la tasa de desempleo abierto. Datos de la OIT (2015) indican que, en la Argentina, el 9,6% de los trabajadores están subocupados; en Chile representan el 11,3%; en Colombia, el 10,6%; en México, el 8,1%, y en Perú, el 11.3%. Esto indica que los ocupados que trabajan menos horas que el mínimo establecido a nivel nacional, pero que desean trabajar más, sigue siendo importante en algunos países de la región.

Junto con la creciente precarización, el trabajo informal está creciendo rápidamente en todos los países, especialmente países en desarrollo, que es sinónimo de la ausencia de derechos y una protección social inexistente. La mayoría de las personas entra en la economía informal, que se desarrolla fuera de los marcos legales, porque no pueden encontrar empleo en el sector formal y, al mismo tiempo, no puede permitirse el desempleo absoluto. Es un dato importante que las propias empresas transnacionales estimulan la economía informal, impulsada por sus políticas de competencia, reducción de costos y mayores beneficios. De la producción concentrada en una sola fábrica grande, las transnacionales han pasado o están pasando a la descentralización de la producción bajo el concepto de “especialización flexible”, creando unidades de producción más pequeñas, algunas de las cuales no se registran o son informales.

Los datos de la OIT (2015) sobre las condiciones de trabajo en América Latina indican quem en el 2014, el empleo por cuenta propia (no asalariado) creció más rápidamente que el empleo asalariado con respecto a 2013, incrementando su participación en el empleo total del 25,6% al 26%. Por su parte, el empleo asalariado se redujo del 65,7% al 65,1%. Al mismo tiempo, otro indicador de la reducción de la calidad del empleo es la caída absoluta en el empleo registrado (CEPAL/OIT, 2016), sobre todo en Brasil (-2,0%) y Uruguay (-1.5%). La alta presencia del autoempleo y del empleo no registrado es una característica de muchos países de la región y se asocia a condiciones de trabajo menos favorables para los trabajadores, señalando la alta presencia de informalidad.

Así, el trabajo informal ya no puede considerarse como un tema marginal o con carácter temporal, puesto que actualmente implica la mitad de los trabajadores de todo el mundo. Sotelo Valencia (2003) sostiene que “los nuevos paradigmas del trabajo” son mecanismos utilizados para extraer mayores cantidades de valor y plusvalía de los trabajadores, y están presentes tanto en la economía formal como en la informal, ambas articuladas e identificadas con la precariedad. Son paradigmas que en los países latinoamericanos tratan de restringir los derechos de los trabajadores, a través de la reforma de las leyes laborales.

El ascenso de gobiernos populares en América Latina, desde los años 2000, creó la ilusión de que se estaba formando una etapa posneoliberal (Sader, 2013). Sin embargo, lo que vimos fue el fortalecimiento del capital ficticio y también el exportador, que devino en el aumento de la deuda pública y en la promoción de un proceso de integración regional subimperialista (Carcanholo, 2014), destacando así la dependencia a nivel mundial y regional. El proceso de dependencia se ha intensificado desde la crisis económica de 2008/2009, que explotó en los países centrales y cuyas consecuencias son más fuertes en regiones dependientes. En el año 2015, según datos de CEPAL/OIT (2016), la tasa de desempleo urbano en América Latina creció un 6,5% y se agravaron las condiciones de trabajo. Las proyecciones de recuperación económica para 2016 y los años siguientes son poco auspiciosas, lo que indica que el aumento del desempleo se perpetuará junto con el empeoramiento de la calidad del empleo y, finalmente, con el crecimiento del rebasamiento de la fuerza de trabajo.

 

Reflexiones finales

Las formas históricas de la dependencia indican que la superexplotación, además de una categoría teórica, pertenece a la formación económica y social de América Latina, a través de los patrones de reproducción en la región.

A la luz de las primeras ideas expuestas y las reflexiones sobre el mundo del trabajo en el marco de la mundialización financiera, se configura una nueva fase histórica de la dependencia, la fase neoliberal, en la cual las actividades propiamente financieras adquieren mayor importancia. Las economías dependientes se convierten en rehenes de los circuitos financieros internacionales. Sobre esta nueva etapa histórica de la dependencia, se presentaron algunas reflexiones sobre la intensificación de la superexplotación de la fuerza de trabajo mediante la informalidad, la flexibilidad y la desregulación, que son los efectos de la precariedad laboral, asociados a la reconversión productiva. Esto nos lleva a concluir que la superexplotación de la fuerza de trabajo es la respuesta de la periferia al desarrollo capitalista, dando por resultado la distribución regresiva del ingreso y la riqueza, así como la profundización de los problemas sociales.

 

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[1] Universidade Federal do Espírito Santo/FAPES, Brasil. Correo electrónico: camilladossantosnogueira@gmail.com

[2] La ley de valor por la cual las mercancías se intercambian entre sí por valores equivalentes refiere al valor que determina las cantidades de trabajo socialmente necesario. Existe un largo e intenso debate sobre la vigencia o no de la ley del valor, que no será discutido en este trabajo, por falta de espacio.

[3] Esta ley ha provocado grandes controversias sobre el proceso de acumulación de capital y las divergencias en cuanto a su interpretación llevan a diferentes posiciones respecto de las crisis del capitalismo, los determinantes del progreso técnico y del papel del ejército industrial de reserva, etc. Nuevamente, esta discusión requeriría un trabajo aparte, motivo por el cual no la abordamos aquí.

[4] Los factores que Marx consideraba como los más importantes para contrarrestar la caída de la tasa de ganancia eran el aumento del grado de explotación de la fuerza de trabajo, la disminución de los salarios por debajo de su valor, la reducción de los elementos del capital constante y el excedente relativo, más allá de la expansión del comercio exterior, desfavorable para las colonias (Marx, 2009d).

[5] Marx desarrolla la categoría de plusvalía y sus diversas manifestaciones en los capítulos 4, 5 y 21 del tomo I de El Capital (2009a, 2009b).

[6] Durante el final del siglo XIX, proliferó la urbanización que trajo al escenario político nuevos actores provenientes de una base económica y social diferente a la existente hasta entonces.

[7] “La expresión ‘mundialización financiera’ designa a las estrechas interrelaciones entre los sistemas monetarios y los mercados financieros nacionales, resultantes de la liberalización y la desregulación adoptadas inicialmente por Estados Unidos y el Reino Unido, entre 1979 y 1987, y en los años siguientes por los demás países industrializados” (Chesnais, 1998: 12).