El Capital financiero en Lenin y sus contribuciones para el debate sobre el proceso de financierización contemporáneo

 

Fernando Leitão Rocha Junior[1]

 

O capital financeiro em Lenin e suas contribuições para o debate sobre o processo de financeirização contemporânea

 

Financial capital in Lenin and his contributions on contemporary financialization debate

 

Recibido: 15 de junio de 2016

Aceptado: 15 de octubre de 2016

 

 

Marxismo es el análisis concreto de una situación concreta.

Lenin

 

 

Resumen

La hipertrofia de la esfera financiera en el capitalismo reciente no altera el mecanismo estructural del modo de producción capitalista, es decir, la apreciación del valor a través de la extracción de la plusvalía. La ilusión, la creación de valor de encanto y valor añadido en la órbita financiera a través de la acción del capital a interés y capital ficticio es algo engañoso, una mistificación. El exacerbado grado de rentista y parasitario del capitalismo actual refuerza el argumento de Lenin sobre el capital financiero, explícito en El imperialismo, fase superior del capitalismo. Por lo tanto, una comprensión teórica efectiva de la categoría de “capital financiero” y su articulación, y las conexiones con las formas de capital a interés y capital ficticio puede proporcionar pistas que aclaren efectivamente el funcionamiento de los "engranajes" utilizados para la producción y reproducción del capital. Como es sabido, hoy, más que nunca, prospera la lógica rentista, especulativa y parasitaria como regente de la dinámica de la acumulación capitalista.

Palabras clave: capital financiero, interés portador de capital, capital ficticio, financierización.

 

Abstract  

The hypertrophy of the financial sphere in contemporary capitalism has not changed the structural mechanisms of the capitalist mode of production, that is, the appreciation of value through the extraction of surplus value. The illusion, the enchantment value creation and added value in the financial sphere through the action of interest-bearing capital and fictitious capital is fallacious: a mystification. The rentier and parasitical characteristics of contemporary capitalism are exacerbated to unprecedented degrees and actually reinforce Lenin's argument about the financial capital, explicit in his Imperialism, the Highest Stage of Capitalism. Therefore, in our judgment, an effective theoretical understanding of the financial “capital category” and its articulation and connections with forms of interest-bearing capital and fictitious capital may provide clues that effectively elucidate the operation of the "gears" used for production and reproduction by capital. Since today, more than ever the rentier, speculative and parasitic logic flourishes through the dynamics of capitalist accumulation.

Keywords: financial capital, capital bearer interest, fictitious capital, financialization.

 

Resumo

A hipertrofia da esfera financeira no capitalismo recente, em nada muda o mecanismo estrutural do modo de produção capitalista, isto é, a valorização do valor via a extração de mais valia. A ilusão, o encantamento de criação de valor e mais-valia na órbita financeira por meio da atuação do capital portador de juros e do capital fictício é algo falacioso, uma mistificação. O exacerbado grau rentista e parasitário do capitalismo atual, na verdade, reforça o argumento de Lenin sobre o capital financeiro explicitado em sua obra: Imperialismo Fase Superior do Capitalismo. Por isso, ao nosso juízo, uma efetiva compreensão teórica sobre a categoria “capital financeiro” e sua articulação e conexões com as formas de capital portador de juros e capital fictício, podem fornecer pistas que elucidem efetivamente o funcionamento das “engrenagens” utilizadas para produção e reprodução do capital. Pois, como é sabido, hoje mais do que nunca, vicejam a lógica rentista, especulativa e parasitária como regentes da dinâmica de acumulação capitalista.

Palavras-chave: capital financeiro, capital portador juros, capital fictício, financeirização.

 

 

Introducción

Hoy queda claro que la etapa imperialista del modo de producción capitalista no se agotó plenamente como quieren algunos analistas y apologistas del ordenamiento económico burgués, sino muy por el contrario: a nuestro juicio, esta fase está más viva que nunca. Para nosotros, el patrón de acumulación y reproducción actual del capitalismo se realiza como se ha apuntado en diversos estudios realizados por Chesnais (1995; 1998; 2005) vía “el comando de las finanzas”, según los cuales, de acuerdo con Carcanholo y Nakatani (1999), y con Lohoff y Trenkle (2014), se acentúa aún más el sesgo rentista, especulativo y parasitario.

Si hace más de un siglo, Hobson (1982), Hilferding (1985) y en especial Lenin (1975) ya llamaban la atención sobre la consolidación de una oligarquía financiera, hoy no es necesario ningún esfuerzo para constatar que, debido a un intenso “proceso de financierización” de la producción, se drena una parte cada vez más sustantiva del excedente económico, especialmente en la forma de plusvalía, hacia las finanzas. Si bien el proceso de financierización resulta directamente de la hipertrofia de la esfera financiera, también es verdad que a escala global se ha potenciado en las últimas décadas un brutal proceso de explotación y hasta de superexplotación de la fuerza de trabajo, apoyado en las más diversas prácticas formales e informales. Tal proceso de acumulación originaria bajo el disfraz de despojo ha sido desarrollado por Harvey (2004). Por otro lado, Mandel (1982) entiende que este proceso se configura como una práctica continua que viene de los inicios del capitalismo. En esta dirección, queda claro que en la actual etapa imperialista del capital se verifica un evidente avance de las fuerzas productivas, no solo por incremento del capital constante, sino, en especial, del capital fijo vía desarrollo tecnológico y científico.

Teniendo en cuenta estos hechos, afirmar que vivimos en la actualidad una etapa armoniosa, idílica y humanizadora del modo de producción burgués ahora global, gracias al cual disminuyen sensiblemente los niveles de pauperización, se promueve el bien común, y por encima de todo, se realiza cierta “justicia social”, es para nosotros un brutal proceso de mistificación ideológica de los defensores del capital. Se puede constatar en diversos estudios actuales, como los de Gomes (2015) y Lapavitsas (2016), que la etapa imperialista actual del capital mundializado, bajo el comando de las finanzas, exacerba prácticas especulativas y parasitarias, además de intensificar con mayor frecuencia el fenómeno de las crisis.

En términos teóricos, el fenómeno de la especulación y del parasitismo no es una novedad. ¿Qué sería entonces reciente en la fase “imperialista financiarizada” del modo de producción capitalista? Para responder mínimamente esta pregunta, entendemos que el rescate de la categoría “capital financiero”, tal como fue estudiada y desplegada por Lenin, ofrece pistas prometedoras para una comprensión efectiva de la actual etapa del imperialismo, que se encuentra plagada no solo por el intenso proceso especulativo y parasitario, sino también marcada por viscerales procesos de financierización de la riqueza.

Nuestro objetivo en este trabajo es articular algunos apuntes sobre el capitalismo reciente, teniendo como base los argumentos de Lenin contenidos en su libro Imperialismo, fase superior del capitalismo y sus respectivas conexiones con las categorías de capital portador de intereses y capital ficticio, desarrolladas por Marx en el libro III de El Capital. También haremos uso de estudios de importantes analistas del capitalismo reciente como Chesnais (1995; 2005), Carcanholo y Nakatani (1999), Lapavitsas (2009; 2016), Nakatani y Gomes (2015), entre otros.

 

1. Lenin y la concreción de una teoría del imperialismo

Por nuestra parte, debemos señalar que la teoría del imperialismo de Lenin constituye un esfuerzo brutal de síntesis y elaboración teórica de muchos años de estudio. Tanto el estudio Hobson publicado en 1902 como el trabajo de Hilferding aparecido en 1910 fueron puntos de partida para que Lenin elaborara su estudio preparatorio llamado Cuadernos sobre el imperialismo[2]. También es necesario mencionar el buceo denso que hizo Lenin en el campo de la filosofía entre los años 1914 y 1915, especialmente en la obra de Hegel La ciencia de la lógica, recogidos en un extenso material titulado Cuadernos filosóficos.

Por ende, queremos señalar que el libro sobre el imperialismo de Lenin no es un estudio superficial y simplista como muchos analistas –poco serios– apuntan. Por el contrario, a nuestro juicio es un brillante estudio, aunque escrito como material de divulgación popular al calor de la Primera Guerra Mundial y publicado en 1917, poco antes de la Revolución de Octubre. Allí se condensa una síntesis para su difusión, lo que sería la nueva fase del modo de producción capitalista, es decir, la fase de los monopolios, que ya había sido engendrada desde mediados de la década de 1870 con una concreción histórica densa en el período de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

En Zúrich (Suiza), durante los meses de enero a junio de 1916, que Lenin elaboró, sistematizó y resumió su estudio El imperialismo, fase superior del capitalismo, publicado al año siguiente. Desde entonces se convirtió en un texto importante para la lucha contra las ideas económicas vulgares, así como instrumento en la arena política, es decir, en actividades de propaganda, especialmente de agitación.

La obra comienza con el registro de un cambio importante en la dinámica del modo de producción capitalista; para Lenin, “la competencia se convierte en monopolio. El resultado es un inmenso progreso en la socialización de la producción. También se socializa en particular el proceso de las invenciones y mejoras técnicas”. (1975: 38)

Lenin (1975: 108) también analiza la naturaleza del fenómeno de los monopolios que rigen la etapa imperialista, caracterizando los trazos productivos de esta nueva fase:

1. La concentración de la producción y del capital ha llegado a un nivel tal que ha creado monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica. 2. Una fusión del capital bancario con el industrial y la creación, basada en el “capital financiero”, de una oligarquía financiera. 3. La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercaderías, adquiere relevancia. 4. La formación de asociaciones de capitalistas que conforman monopolios internacionales que se reparten el mundo. 5. La división territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.

            Finalmente, el pensador ruso detallaba que

El imperialismo, que es el capitalismo en la fase de desarrollo en la que dominan los monopolios y el capital financiero, ha adquirido gran importancia la exportación de capital, comenzó el reparto del mundo por los grupos internacionales y terminó el reparto de la Tierra entre los países capitalistas más importantes. (Lenin, 1975: 108)

Prosiguiendo con la formulación leninista, a nuestro juicio, destacamos la centralidad de la categoría “capital financiero” en el marco teórico para una efectiva comprensión de la dinámica del modo de producción capitalista en la etapa actual. Para Lenin, “la concentración de la producción, los monopolios que de ella resultan, la fusión o entrelazamiento de los bancos con la industria: ese es el surgimiento del “capital financiero” y lo que este concepto encierra”. (1975: 63)

Desentrañando el argumento de Lenin sobre esta cuestión, se percibe que el fenómeno de la concentración monopolista que marca la etapa imperialista del modo de producción capitalista alcanza a la esfera productiva, como también a la financiera, espacio de actuación privilegiado de la forma de capital bancario. Así, en la fase imperialista, la forma de capital bancario se convierte en un proveedor esencial del capital, ya que esta forma de capital, al centralizar el crédito, también pasa a controlar las inversiones y el ciclo económico en su totalidad.

Por ello se produce una fusión financiera y administrativa entre las industrias (en tanto forma de capital productivo) y los bancos (en tanto forma de capital bancario), bajo la hegemonía de éste último. No es casual que en la etapa imperialista este nuevo tipo de capital, auspiciado por banqueros y grandes rentistas en general, es decir, por una oligarquía financiera se conoce como capital financiero[3].

En este sentido, entendemos que la categoría “capital financiero” no es simplemente una categoría epistemológica; se trata en verdad de una categoría no sólo heurística, que alcanza la totalidad de las múltiples manifestaciones, y de las distintas formas de ser y el modus operandi del capital. En nuestros términos, el capital financiero no se configura únicamente por la fusión o entrelazamiento de la forma de capital bancario con el productivo. Se trata de una categoría ontológica propia de la fase imperialista que, a su vez, sintetiza la totalidad contradictoria que engloba a los ciclos de capital productivo–capital mercancía y capital dinero, así como a las formas autónomas y líquidas de capital, en especial, del capital a interés y del capital ficticio.

            La obra El Imperialismo, fase superior del capitalismo sintetiza los trazos fundamentales del imperialismo, explicitando cómo la dinámica de acumulación y reproducción capitalista pasa a ser regida ya no por la exportación simple de mercancías sino por la exportación de capital, ingresando a la escena el capital financiero como protagonista. También es cierto que la efectiva comprensión de la categoría “capital financiero” permite comprobar su actual validez histórica y explica cómo la oligarquía financiera ha exacerbado la lógica rentista, especulativa y parasitaria en el siglo XXI.

            Ahora, según entendemos, la categoría de “capital financiero” continúa siendo un gran tutor que rige la dinámica de acumulación en el capitalismo reciente, es decir, una alquimia de las finanzas a través de procesos de “financierización de la riqueza”, cuyos protagonistas son el capital a interés y el capital ficticio. Estos son la representación y expresión más inmediata y reificada de la realidad cotidiana que presenta el papel del capital financiero (en tanto categoría síntesis) de la etapa actual del imperialismo, ahora ampliamente financiarizada.

 

2. Apuntes sobre la actual fase imperialista guiada por la financierización de la riqueza

En 2016, es decir, a mediados de la segunda década del siglo XXI, discurrir sobre el significado actual del modo de producción capitalista no es algo sencillo. Por ello, desde el punto de vista teórico, nos apoyamos en el método de investigación desarrollado por Marx, basado en la caracterización de la realidad social como una totalidad compleja (compuesta de apariencia y esencia, lo cual avizora una tensión y una relación siempre contradictoria entre ambas). Por ende, la apariencia/inmediatez releva apenas algunos elementos constitutivos de la realidad misma, señalando para el filósofo alemán que “toda ciencia sería superflua si la forma de manifestación (apariencia) y esencia de las cosas coincidieran inmediatamente” (Marx, 1982: 15).

En este sentido, para Marx (1982), la efectiva comprensión de la realidad (develar la esencia del objeto) dependería del método de investigación, único camino posible para ello. De este modo, el proceso de aprehensión de la realidad sería exclusivamente intelectual (a través de procesos sucesivos de abstracciones) a fin de captar las características/determinantes inherentes (que hacen parte) del propio objeto (realidad investigada) luego “reconstruidas en el plano de las ideas” (concreto pensado), es decir, un camino de elevación desde lo abstracto a lo concreto. Para Marx (1982: 14), “lo concreto aparece en el pensamiento como proceso de síntesis y no como punto de partida –si bien es un punto de partida efectivo y, por ende, de intuición y representación–”. Después de innumerables abstracciones, se retorna a la realidad dada (objeto estudiado) y esta realidad ahora ya no se presenta de forma inmediata (sin mediaciones), “como un todo caótico”, sino como una realidad mediada, en la cual es posible establecer unas conexiones, ni mecanicistas ni formales, entre apariencia/esencia, es decir, a partir los trazos constitutivos de la propia realidad que están velados a nivel de apariencia (realidad inmediata) y ahora fueron aprehendidos por el pensamiento (concreto pensado) a través de innumerables procesos de abstracción.

Así, en las palabras del propio Marx (1982: 14), “lo concreto es concreto, porque es la síntesis de múltiples determinaciones, es decir, la unidad de lo diverso”. Pero siempre recuerda que la realidad es dinámica, no estática; por ello, por más que haya aprensiones de trazos constitutivos de la realidad a través del pensamiento, jamás se agotará la riqueza y complejidad de lo real. En suma, a nuestro juicio, sólo es posible comprender cómo surgen los fenómenos histórico-sociales y, por consiguiente, cómo se desenvuelven y se transforman, y cómo están ligados al desarrollo del modo de producción capitalista, si entendemos y utilizamos el método de investigación de la Teoría Social propuesto por Marx.[4]

Insistimos y reafirmamos que este método se configura como el más adecuado y, según entendemos, como el único capaz de aprehender los aspectos/características que componen la dinámica de la compleja totalidad social. Este es el único que postula una perspectiva de clase para sí (clase trabajadora) y que proporciona una interpretación segura para la efectiva comprensión de sus leyes inmanentes, las leyes de movimiento y de las posibles tendencias que pueden materializarse para regir el funcionamiento y dinámica del modo de producción capitalista. En la actualidad, los llamados procesos de financierización de la riqueza aparecen en el nivel más inmediato de la realidad social como fenómenos “naturales”.

En un momento de financierización cuasi completa de la vida, sólo faltaría la obligatoriedad por ley o por imposición jurídica de la constitución de una cuenta corriente bancaria a partir del nacimiento. Parece absurdo, sería el colmo de la irracionalidad, una locura, pero todavía para el “mundo regido por el capital” significaría fortalecer con vitalidad su lógica de valorización del valor, en esta etapa imperialista financiarizada. Como es apuntado por varios estudiosos (Gomes, 2015; Harvey, 2004, 2013; Paraná, 2016; Wood, 2014), el modo de producción capitalista es aquel que domina de forma vigorosa casi la totalidad de nuestro planeta. Por ello, hoy más que nunca, la etapa imperialista del modo de producción capitalista se encuentra cristalizada con los intensos procesos de financierización y reificación de la riqueza[5] presentes en el nivel de la vida cotidiana y de la realidad más inmediata como protagonistas centrales del comando del capitalismo financiarizado, el capital a interés y el capital ficticio.

Desde nuestro punto de vista, este fenómeno pone de manifiesto que la categoría síntesis de “capital financiero” elaborada por Lenin (1975) no perdió validez histórica ni se trata de una noción puramente abstracta e idealista. Muy por el contrario, es de hecho un análisis teórico rigurosamente apoyado en el método de investigación social de Marx (1982; 1983), es decir, aquel basado en una perspectiva de totalidad social cuya dialéctica entre apariencia y esencia es condición sine qua non para la efectiva comprensión de los engranajes del proceso global del modo de producción capitalista. Asimismo, la categoría de “capital financiero” tiene plena vigencia y continúa siendo un gran tutor de la dinámica de acumulación en el capitalismo actual.

 

3. Imperialismo y financierización de la riqueza: apuntes sobre la forma de capital portador de intereses y el capital ficticio

Vale la pena enfatizar que este tópico de relevancia contemporánea fue estudiado y desplegado por Marx. En la sección V del Libro III de El Capital, Marx (1984) detalla la especificidad del capital portador de intereses, forma propia del modo de producción capitalista:

En el movimiento real, el capital no existe como tal en el proceso de circulación, sino solo en el de producción, en el de explotación de la fuerza de trabajo. No ocurre lo mismo con el que produce interés, cosa que lo otorga precisamente su carácter especial. El poseedor de dinero que quiere valorizarlo como capital a interés lo enajena a un tercero, lo lanza a la circulación, lo convierte en mercancía como capital; y no sólo como capital para él mismo, sino también para otros; no es solamente capital para quien lo enajena, sino que se transfiere a un tercero directamente como capital, como valor que posee un valor de uso consistente en crear plusvalía, en engendrar ganancia; como un valor que se conserva y persiste en el movimiento para retornar a manos de su primitivo inversionista, que aquí es el poseedor del dinero, después de haber funcionado; que, por tanto, sólo se aleja de él durante algún tiempo, que sólo pasa temporalmente de manos de su propietario a manos del capitalista en activo, que por consiguiente, no se vende ni se paga, sino que se presta solamente, que sólo se enajena bajo la condición, en primer lugar, de que retorne a su punto de partida después de cierto tiempo, y en segundo lugar, de que retorne como capital realizado, después de cumplir su función como valor de uso, consistente en producir plusvalía. (Marx, 1984: 258-259)

De esta forma, al prestar su capital dinero recibirá al final y al cabo del proceso de producción una parte de la riqueza socialmente producida en la forma de intereses. En este sentido, el movimiento del capital a interés es representado de la siguiente forma (D – D’), es decir, representa una ilusión, un encantamiento, como si fuera un “manzana que da manzanas”, parafraseando a Marx. Se trata de una forma fluida de capital que existe no solo en la fase del capital monopolista, sino desde la etapa competitiva del modo de producción capitalista. También en la referida sección V del libro III, Marx detalla cómo el capital portador de intereses representa a su juicio la forma más mistificada y fetichizada del capital, pues:

En la forma de capital portador de intereses eso aparece directamente, sin mediación por el proceso de producción y por el proceso de circulación. El capital aparece como fuente misteriosa, autocreada de interés, de su propio incremente. Una cosa (dinero, mercancía, valor) ya es capital como mera cosa, y el capital aparece como cosa simple; el resultado del proceso global de reproducción aparece como propiedad que cabe por sí misma a una cosa; depende del dueño del dinero, esto es, de la mercadería en su forma intercambiable, si él quiere suspenderlo como dinero o alquilarlo como capital. (...) En la forma de capital portador de interés, por lo tanto, ese fetiche automático está presentado en su pureza, valor que se valoriza a sí mismo, dinero que genera dinero, sin ninguna marca de su nacimiento. La relación está consumada como relación de una cosa, del dinero consigo mismo. (...) Aparece así como una propiedad del dinero la creación valor, que proporciona intereses, así como un peral da peras. (...) En D - D’ tenemos la forma irracional del capital, la inversión y reificación de las relaciones de producción en su potencia más elevada. (...) mistificación del capital en su forma más cruda (Marx, 1984: 293-294)

Antes de continuar, queremos dejar claro que el capital portador de intereses y el capital ficticio no son sinónimos. El último representa una determinada forma de capital que se deriva del capital portador de intereses. En verdad, teóricamente, el capital ficticio es una forma de capital, a nuestro juicio, ontológicamente parasitaria, pues no tiene vínculo alguno con el proceso de producción de riquezas. Por el contrario, es una forma que se nutre, que drena valor, esto es, que se apropia de la riqueza socialmente producida, en especial del excedente económico en la forma de plusvalía. También entendemos que se trata de una forma de capital mucho más fetichizada y reificada que el llamado capital portador de intereses. En el libro III de El capital, Marx detalla que

Con el desarrollo del capital portador de intereses y del sistema de crédito, todo el capital parece duplicar y a veces triplicar por el modo diverso en que el mismo capital o simplemente el mismo título de deuda aparece, en diferentes manos, de distintas formas. La mayor parte de este ‘capital monetario’ es puramente ficticia (1985: 14; cursivas añadidas).

En síntesis, podemos caracterizar el capital ficticio como una forma fluida de capital que se materializa en las acciones de las empresas, en los títulos de la deuda pública de los Estados nacionales, en los derivados, en los diversos productos financieros que son intercambiados en la esfera financiera, como buena parte de la masa monetaria bajo la forma de capital bancario, encontrada en los bancos comerciales o de inversiones, financieras, fondos de pensión u otros agentes del mercado financiero. Esta forma de capital se pauta por una expectativa de capitalización de un rendimiento futuro a partir de determinada tasa de interés. De esta forma, el capital ficticio actúa de manera exclusiva en la órbita financiera, es decir, en la esfera de la circulación, y su ciclo es representado por la fórmula D-D’: dinero que genera más dinero.

Se sabe que en la esfera de la circulación no se crea ninguna nueva riqueza; por el contrario, lo que hay es un proceso de apropiación de la riqueza que es siempre producida socialmente. Así, como apunta Marx (1985: 11), “toda conexión con el proceso real de valorización del capital se pierde así hasta el último vestigio, y la concepción del capital como autómata que se valoriza por sí mismo se consolida”. Entendemos que esta afirmación marxiana no tiene validez solo para la forma portadora de intereses, sino más aún para la forma ficticia del capital.

            Por todo esto, el capital ficticio eleva aún más el fetichismo, la mistificación y la reificación en la sociedad burguesa. Mostrándose como la forma más acabada, irracional e ilusoria del capital, amplifica e hiperdimensiona la ilusión de D-D’ (dinero que genera por sí mismo más dinero). En nuestra opinión, esta forma expresa la máxima ilusión, representa el grado máximo de fetichismo del capital:

La completa cosificación, inversión y locura del capital (...) en la cual solo se refleja, de manera más palpable, la naturaleza más íntima de la producción capitalista, o (su delirio) -es el capital que proporciona intereses acumulados-; igual que un Moloch que exige al mundo entero un tributo que le es debido. Por causa de un destino misterioso, entre tanto, jamás ve satisfechas las exigencias que brotan de su propia naturaleza, viéndolas siempre incrementadas. (Marx, 1982: 191)

De este modo, a nuestro juicio, es posible constatar el exponencial proceso especulativo y parasitario de la apropiación/drenaje de partes del excedente económico (especialmente de la plusvalía), que travestido bajo la forma de ganancias, intereses o dividendos, alimentan esta fracción de la clase burguesa representada por la Oligarquía Financiera Mundial. Por eso, entendemos que a la luz de las ideas de Marx, Engels y en especial de los argumentos sobre el imperialismo postulados por Lenin, es posible desmenuzar la “anatomía integral del circuito” de apropiación de la riqueza socialmente producida y, de esta forma, proporcionar argumentos significativos para nutrir la lucha anticapitalista, en especial, en el terreno de la política, para quienes luchan incansablemente contra el orden del capital y, en particular, para las fracciones de vanguardia de la clase trabajadora.

 

4. La crisis de 2007-2008: exacerbación del parasitismo de la actual etapa imperialista de financierización del modo de producción capitalista

La llamada financierización de la riqueza es la característica más importante del estado actual del modo de producción capitalista. Este nuevo cuadro histórico marcado por el imperialismo financiarizado remonta a la crisis de inicios de los años ‘70. Se trataba, para Mandel (1982), del agotamiento de una larga onda expansiva del capital que venía ocurriendo desde la Posguerra de la Segunda Guerra Mundial y eclosionaría con una crisis[6]. Es cierto que el período conocido en la literatura especializada como “los años dorados” del capitalismo, marcado por las prácticas regidas en especial por el llamado binomio keynesiano/fordista, daban claras señales de colapso[7]. Para Netto (2001: 69) “[la crisis] es la expresión de algo más fundamental [...] la curva descendente de la eficacia económico social del orden del capital”. Por ello, el fenómeno de la crisis se manifiesta en el nivel más aparente de la realidad, a través del fin del patrón de conversión del dólar/oro -Bretton Woods[8]- en 1971 y el detonador del aumento de precios del petróleo en 1973.

Siguiendo esta línea de razonamiento, a partir del argumento de Netto y Braz (2006), se verifica una fuerte reducción del ritmo de crecimiento y, consecuentemente, una brutal caída de la tasa de ganancia. Estos hechos exigirán una respuesta inmediata por parte del capital (de la burguesía que detenta el control de los medios privados de producción).

Estas medidas articuladas proporcionarán al modo de producción capitalista el retorno al proceso de acumulación y, por consiguiente, la recomposición de las tasas medias de ganancia y de un control más radical sobre la fuerza de trabajo.

De hecho, si vamos más allá de la apariencia de los fenómenos históricos, es evidente que buena parte de la reflexión de Lenin materializada en 1916 en El imperialismo, fase superior del capitalismo, se repone hoy con nuevas determinaciones que configuran una etapa imperialista financiarizada del modo de producción capitalista.

A nuestro juicio, echando mano a los trazos esenciales y las características ya expuestas por Lenin (1975) hace un siglo, tales como el dominio del capital financiero en la sociedad, el proceso de monopolización de las distintas ramas productivas, el mayor grado de concentración y centralización de capitales, y la cristalización de una oligarquía financiera marcada por los rasgos rentistas y parasitarios, en virtud de la hipertrofia de la esfera financiera, tenemos la anatomía contemporánea del modo de producción capitalista.

Por ende, la efectiva comprensión del proceso de la crisis sólo es posible si partimos de este diagnóstico. Así, siguiendo a Belluzzo (2009), Gontijo y Oliveira (2011) y Lapavitsas (2009; 2016), la crisis financiera que sacudió a EEUU en 2008 se configura efectivamente como una crisis de superproducción, que tuvo su manifestación concreta más evidente en la órbita financiera, por medio de la desvalorización generalizada de los innumerables papeles y títulos negociados en las bolsas, en especial de los llamados “derivados”, es decir, el desborde de las burbujas de capital ficticio. La esfera financiera es un espacio de actuación de las transacciones que involucran la compra y la venta de acciones, títulos de deuda pública, y especialmente los derivados. Como muestran Lewis (2014) y Paraná (2016), cada milésima de segundo, en forma insaciable, se busca conseguir en este espacio la máxima rentabilidad posible.

Hoy, más que nunca, el capital ficticio es central en la dinámica de producción capitalista. Las crisis se detonan a través de la “explosión de burbujas” de capital ficticio.

Como observan Belluzzo (2009), Gontijo y Oliveira (2011) y Lapavitsas (2009; 2016), la crisis de las subprime tuvo como detonador al sector inmobiliario de EEUU, pero no se trató sólo de una crisis inmobiliaria. A nuestro juicio, las conexiones históricas sobre las hipotecas subprime nos permiten percibir que este evento no fue una simple crisis financiera que contaminó la economía real, sino una expresión efectiva de una crisis de superacumulación capitalista en la etapa madura del “imperialismo financiarizado”.

Retomando en forma sintética la historia del segmento inmobiliario estadounidense, se verifica que en la década de 1990 este sector representó un terreno fértil para la acumulación y especulación. Además de la significativa expansión del crédito, masas y masas de capital monetario fueron colocadas en este sector. Con bajísimas tasas de interés fue posible un crecimiento importante de los créditos para adquisición de vivienda propia.

Las condiciones ventajosas del crédito, junto con la desregulación, estimularon al capital especulativo a desarrollar un conjunto de innovaciones financieras relacionadas con las deudas de tarjetas de crédito, compras de automóviles, deudas corporativas y especialmente deudas hipotecarias. Vale mencionar que, para facilitar la especulación, el congreso estadounidense derogó en 1999 la ley Glass-Steagall, que regulaba la actividad bancaria y separaba los bancos comerciales de los bancos de inversión. La desregulación es como una carta blanca para crear los más diversos tipos de innovaciones financieras, el sistema financiero reaccionó plenamente a los nuevos tiempos y desarrolló esquemas ingenieriles que rayaban con la locura (Costa, 2013: 39).

Estas empresas obtuvieron una enorme valorización de sus acciones en las bolsas de valores. De hecho, la realidad develó burbujas de capital ficticio que inflaron artificialmente los valores de los activos en alta tecnología, negociados en el mercado financiero. El resultado no podía ser otro, dado que estas burbujas de capital ficticio contaminaron la economía americana durante algún tiempo. Brenner (2003) muestra, como registro histórico, el proceso de desvalorización del 95% de las acciones/papeles de empresas de telecomunicaciones ya en 2002, detallando una destrucción de más de U$S 2,5 trillones, más de 60 empresas en quiebra y, lo que resulta el hecho más grave, el despido de más de 500 mil trabajadores del sector. La crisis de las “empresas punto com” acabaron pavimentando el terreno para la especulación desenfrenada en otro segmento de la economía: el próximo objetivo de los especuladores sería el sector inmobiliario de EEUU.

Esta crisis presentó un exceso de capital sobre la forma dinero (capital monetario) que procuró comprar papeles/títulos en el espacio de las finanzas para obtener rentabilidad. En un determinado momento, la “valorización financiera” entró en colapso y dio lugar a una explosión de “montañas de capital ficticio” y, por consiguiente, una caída acentuada de acciones y de diversos papeles que circulan en los mercados financieros. Esta destrucción concreta de capital “superacumulado” marca el carácter cíclico del modo de producción capitalista. Así, luego de este proceso de destrucción y desvalorización de capitales, para que se pueda retomar un nuevo ciclo de acumulación será necesaria una relocalización de “masas de capitales” desde la forma monetaria del sector arrasado hacia otro sector, que potencialmente podrá ser devastado por la lógica predatoria y especulativa del propio capital.

Pues, como se sabe, a través de la emisión de papeles (derivativos) avalados como inversiones hiperseguras por las agencias de clasificación del riesgo (rating) como Standard & Poors, Moody’s y Fitch, se escondía la verdad, o mejor, la especulación con capital ficticio. Estas agencias alcanzaban en ese momento alrededor del 80% del mercado y clasificaban las hipotecas subprime como inversiones con seguridad máxima, es decir, con triple AAA.

En este escenario, resulta claro cómo la alquimia en el sector inmobiliario conectada con el sector financiero caminaba hacia la quiebra. Varios analistas, como Belluzzo (2009), Gontijo y Oliveira (2011) y Morris (2009), demuestran cómo el atraso en el pago de las hipotecas, la pérdida de rentabilidad, la baja en las calificadoras de riesgo y la contracción de la oferta de crédito en 2007 formaban, en verdad, el preludio de la crisis. También dan cuenta de que las pérdidas derivadas de los títulos respaldados por hipotecas subprime representaban ya en octubre de 2007 más de U$ 45 mil millones. Además, ya en 2006, se descubrió que cerca del 90% de las hipotecas subprime estaban vinculadas con derivados respaldados por activos tóxicos.

Evidentemente, en 2008 comienza un fenómeno de crisis que alcanza a diversos bancos. En marzo se registra el colapso del banco de inversión Bears Sterns, que luego fue comprado por el grupo JP Morgan. A mediados de junio, la crisis se extiende a las empresas del sector de financiamiento de viviendas (hipotecas) Fannie Mae y Freddie Mac. El epicentro de la crisis ocurrió el 15 de setiembre de 2008 con la quiebra del banco Lehman Brothers. A partir de entonces se instaló un caos global, un verdadero pánico de “sálvese quien pueda” en los distintos mercados del mundo de las finanzas: el mercado bursátil, el cambiario, el de créditos y, en especial, de derivados.

La crisis fue detonada en la esfera financiera, pero fue mucho más allá y afectó también la economía real con la quiebra de General Motors y de Chrysler en diciembre de 2008. Este hecho viene a corroborar e ilustra explícitamente nuestra hipótesis de que la categoría de “capital financiero” de Lenin está articulada directamente con las categorías de capital a interés y de capital ficticio, mostrando que es posible entender el modo de producción capitalista en su totalidad además del carácter burgués del Estado. Además, cabe aclarar que fue necesaria la intervención del Estado americano para rescatar a las empresas del sector productivo.

Costa (2013: 63) estima que sólo en 2008 se inyectaron más de “13 mil millones de dólares en el sistema económico, así como reducciones en las tasas de interés reales a niveles negativos, y también decenas de medidas de política económica para calentar la demanda interna y estimular el consumo”. En términos generales, podemos afirmar, guiados por Marx y Engels (1997: 38), que el “Estado burgués ha sido siempre el comité ejecutivo de la burguesía”. En el desarrollo de la crisis en 2008, de nuevo, fue el Estado quien salvó al capitalismo de su colapso.

Esto también fue demostrado por Lapavitsas (2009: 79): “el Estado es fundamental para el funcionamiento del sistema financiero actual, a pesar del triunfo ideológico de la desregulación. [...] El Estado es el que garantiza la solvencia de los principales bancos y la estabilidad del sistema financiero en su conjunto”. También en este sentido, Lapavitsas (2016: 22) describe el papel revelan que el estado juega en el estadio imperialista financiarizado actual: “El Estado es fundamental para la financierización, con una intervención activa y continua”.

En suma, incluso después del estallido de la crisis de 2008, durante esta fase imperialista financiarizada, el grado parasitario y especulativo sigue siendo muy alto. Basándose en el estudio La naturaleza y las contradicciones de la crisis capitalista, Nakatani y Gomes (2015) dan cuenta de que toda la masa de capital ficticio que circula en todo el mundo después de la crisis de 2008 no sufrió una caída abrupta, sino que, por el contrario, continúa siendo exponencial, sobre todo en forma de acciones, bonos y derivados, mientras que fue la gente la que sufrió una fuerte devaluación.

Con el estallido de la crisis, el valor de mercado de las empresas en los mercados bursátiles se depreció un 46%, cayendo a US$ 34,9 mil millones. A partir de ahí, la cantidad ha ido creciendo gradualmente y alcanzó los US$ 53,2 mil millones en 2012, aún todavía muy por debajo del PIB mundial, que alcanzó los US$ 71,7 mil millones en 2012 (Nakatani y Gomes, 2015: 259).

 

Tabla 1. Valor de mercado de las empresas en las bolsas (miles de millones de US$)

REGIONES

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

Mundo

43 319,4

53 375,3

64 575,4

34 900,9

47 379,9

54 164,8

46 499,1

53 163,9

Países miembros de la OCDE

36 720,1

43 686,1

47 379,5

26 303,0

34 327,5

39 292,7

34 828,9

39 887,2

América del Norte

18 453,9

21 129,3

22 136,6

12 741,8

16 759,6

19 300,7

17 548,7

20 685,9

Unión Europea

10 198,7

13 545,4

15 631,7

7 582,3

9 823,2

10 531,2

9 338,5

10 378,0

Área del Euro

6 357,3

8 651,3

10 474,6

5 154,6

6 147,6

6 303,6

5 555,7

6 309,5

Europa y Asia Central

12 118,1

16 421,1

19 339,2

9 186,6

12 325,2

13 462,6

11 590,7

12 971,4

América Latina y Caribe

1 050,8

1 491,2

2 331,7

1 195,4

2 022,0

2 764,7

2 293,5

2 550,2

Oriente Medio y Norte de África

1 441,4

1 097,0

1 636,8

956,4

1 102,9

1 229,7

1 087,3

1 153,3

África Sub-Sahariana

605,1

803,9

0,0

0,0

0,0

0,0

0,0

732,4

Fuente: Nakatani y Gomes (2015: 259)

 

Aun así, de acuerdo con Nakatani y Gomes (2015: 259): “el capital ficticio en forma de deuda pública no sufrió ninguna devaluación con la crisis”. Este hecho se puede corroborar en la tabla elaborada por los autores antes mencionados:

 

Tabla 2. Títulos de deuda interna de gobiernos seleccionados (miles de millones de US$)

PAÍSES

SELECIONADOS

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

Todos los gobiernos (35 países)

22 164,9

24 152,3

26 772,0

29 440,6

34 017,8

38 887,1

42 087,4

Brasil

418,7

512,2

694,1

545,8

803,7

949,0

957,1

Francia

1 079,9

1 209,3

1 405,1

1 436,8

1 693,3

1 661,7

1 741,7

Alemania

1 072,2

1 222,7

1 393,0

1 364,3

1 547,6

1 724,5

1 752,2

Grecia

206,6

244,3

298,6

181,5

181,1

159,1

150,5

Italia

1 324,1

1 538,8

1 772,4

1 779,7

1 972,8

1 933,5

1 950,3

Japón

6 604,7

6 747,8

7 145,1

9 113,2

9 654,2

11 632,3

12 787,6

Portugal

98,3

109,4

124,2

86,9

98,8

114,8

108,7

España

406,9

449,1

495,6

448,9

603,5

629,4

687,4

Reino Unido

679,5

835,1

903,0

825,8

1 188,9

1 326,2

1 485,5

Estados Unidos

5 918,3

6 229,9

6 592,5

7 894,9

9 471,8

11 154,1

12 862,9

Fuente: Nakatani y Gomes (2015: 260).

 

            Es por esto que en esta fase del imperialismo marcada por el fenómeno de la financierización, podemos ver claramente que la especulación y el parasitismo se han ampliado aún más con la creación de una forma específica de capital ficticio, sobre todo en la década de 1970, es decir, de los derivados. Siguiendo a Roberts (2000), podemos decir que estos representan un conjunto de valores que se derivan de otros valores ya respaldados por inversiones financieras. Los derivados se dividen en dos grupos: hedge y swaps. Las operaciones de derivados se producen de acuerdo con el tipo de interés, las divisas, los índices bursátiles, las materias primas y las de crédito. En este sentido, Nakatani y Gomes señalan que

los derivados son una forma de capital ficticio, que no existía en cantidades significativas en los tiempos de Marx; se han desarrollado a partir de los cambios que se produjeron después de que el fin del sistema de tipo de cambio fijo de Bretton Woods en 1971, cuando el presidente Richard Nixon decretó el fin de la convertibilidad del dólar en oro. Este sistema, que daba cierta estabilidad al conjunto de las tasas de interés internacionales, también mantenía los niveles de estas tasas relativamente bajas y estables. Así, durante el período de vigencia de este acuerdo, el sistema de crédito global se asoció al dólar, que asumió el papel del dinero mundial, y fue anclado al oro a razón de US$ 35 por onza. Después del final del acuerdo, el dólar se separó del oro, pero continuó jugando el papel del dinero mundo como dinero ficticio, incluso cuando en apariencia, en los libros de texto de la economía ortodoxa y en los registros del sistema, el dólar se ha convertido en una moneda fiduciaria sin valor intrínseco. (Nakatani y Gomes, 2015: 261)

 Es evidente que las operaciones de derivados, incluso después de la crisis, no sufrieron un fuerte descenso; por el contrario, después de una pequeña caída en 2008, volvieron a crecer vertiginosamente. Por lo tanto, en términos absolutos, el total de transacciones de derivados entre 2005 y 2012 tuvieron un crecimiento real de más del 110%. Tal evidencia puede corroborarse en la tabla elaborada Nakatani y Gomes (2015):

 

Tabla 3. Saldos de derivados OTC (Valor hipotético en miles de millones US$)

DISCRIMINACIÓN

2005

2006

2007

2008

2009

2010

2011

2012

Cambio

31 364

40 271

56 238

49 753

49 181

57 796

63 349

67 358

Tasa de interés

211 970

291 582

393 138

418 678

449 875

465 260

504 117

489 703

Commodities

5 434

7 115

8 455

4 427

2 944

2 922

3 091

2 587

CDS

13 908

28 650

57 894

41 868

32 693

29 898

28 626

25 069

Otros

34 994

47 228

79 616

77 237

69 207

45 170

48 592

47 851

Total

297 670

414 845

595 341

591 963

603 900

601 046

647 775

632 568

Fuente: Nakatani y Gomes (2015: 262).

 

Consideraciones finales

En resumen, tal como intentamos demostrar, incluso después de la crisis de 2007-2008, la categoría de “capital financiero”, tal como fuera definida por Lenin, sigue siendo la gran regente y directora de la dinámica de acumulación en el capitalismo tardío. El llamado proceso de “financierización de la riqueza”, dirigido por el capital portador de interés y el capital ficticio, es en realidad la expresión más inmediata y fenomenológica del rendimiento del capital financiero en la etapa de imperialismo financiarizado. Por otra parte, sería imposible hoy en día negar el enorme grado de especulación y parasitismo que impera en la actualidad o la existencia de una oligarquía financiera que controla el grueso de las transacciones en el sistema financiero mundial.

En efecto, si en el nivel de la apariencia, es decir, en el nivel más inmediato de la vida cotidiana, los procesos sociales perciben esta supuesta jerarquía, un análisis más profundo revela que la categoría de “capital financiero” opera como una “síntesis contradictoria”, y que el par categorial de capital con interés y capital ficticio constituyen hoy las formas de capital que funcionan en la realidad inmediata del modo de producción capitalista.

Si para Martins (2005: 131) “el Estado mínimo es el reino de la libertad para el capital financiero globalizado”, Tom Thomas (2000: 37) añade que “vivimos un período en que se constata la hegemonía absoluta del capital financiero”. Por todo esto, podemos decir que el capital financiero tiende a controlar de forma totalitaria el planeta. Tal como alerta Martins (2005: 132): “[El capital financiero] es la forma operativa, administrativa, burocrática del capital propiamente dicho. [...] El capital financiero es la realidad genérica del Estado-nación moderno”.

 

Bibliografía

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[1] Posdoctorado en el Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad Nueva de Lisboa, con beca Capes. Profesor e investigador de la Universidad Federal de los Valles de Jequitinhonha y Mucuri. Correo electrónico: fernn16@yahoo.com.br

[2] Se trata de un estudio preparatorio para la escritura de su libro El imperialismo: fase superior del capitalismo. No sería exagerado de nuestra parte señalar y comparar la importancia que este estudio tiene para Lenin con la asignada a los Grundrisse para que Marx reelaborase la Contribución a la crítica de la economía política en 1859 y, más tarde, en 1867, para publicar el Libro I de El Capital. En este sentido, los llamados Cuadernos sobre el imperialismo reúnen estudios, observaciones y notas hechas por Lenin entre los años 1915 y 1916, un enorme trabajo si se consideran las condiciones históricas en Europa, y en particular a Rusia en el medio de la Primera Guerra Mundial. Este trabajo de acumulación teórica sobre el imperialismo implicó el estudio de 148 libros (106 en alemán, 23 en francés, 17 en inglés y 2 traducidos al ruso), además de 232 artículos (206 en alemán, 13 en francés y 13 en inglés), y 49 periódicos (34 alemanes, 7 franceses y 8 en inglés). Vale la pena recordar que este monumental libro no se publicó hasta 1930, siendo una parte publicada en 1933 y la otra parte en 1938 (cfr. Lenin [1986]).

[3] La validez actual de la categoría de “capital financiero” no es un consenso dado. Muchos analistas e investigadores que teorizan la financierización de la riqueza utilizan analíticamente las categorías de capital portador de interés y de capital ficticio. Carcanholo y Pancieira (2010) explican las diferencias entre capital financiero, capital portador de interés y capital ficticio, y reconstruyen con propiedad la discusión sobre las formas autónomas (capital comercial, portador de interés y capital ficticio) en la obra Marx en El capital, libro III, sección V. Detallan además cómo el capital bancario se desarrolla más allá de sus funciones técnicas (como capital de comercio de dinero), gracias al desarrollo del sistema de crédito. En este sentido, el capital bancario (como forma de capital autonomizado) dialécticamente se configura como capital portador de interés, porque el capital se convierte en una mercancía sui generis, es decir, su préstamo está destinado a la producción de ganancia. La forma ficticia se configura como un desdoblamiento categorial, dialéctico y autonomizado del capital a interés. Por todo esto se percibe que la potenciación/substanciación de las formas de capital son específicas de la dinámica y del modus operandi de la capital.

[4] Para una discusión introductoria del método en Marx, cfr. Netto (2011). Para una profundización, cfr. El método de la economía política en Marx (1892) y también el Prefacio a la primera edición y el postfacio a la segunda edición (Marx, 1983a).

[5] Desarrollando las hipótesis marxianas, quien mejor elaboró el análisis de la reificación fue Lukács (2003). Aun así hay también una importante síntesis en Goldmann (1979).

[6] Nuestra comprensión de la crisis se basa en los estudios de Marx, para quien las crisis son inherentes al modo de producción capitalista, ya que este es un sistema cíclico, por lo que la posibilidad de la crisis ya está dada en caso de que no se complete el ciclo D-M-D'. No hay escritos específicos sobre la crisis en El capital; sin embargo, el libro III es fundamental. Véase Marx (1984; 1985). La tradición marxista tiene diferentes enfoques con respecto a las causas de una crisis, por ejemplo, subconsumo, la caída en las tasas de ganancia o incluso sobreacumulación. Para este debate ver Colletti (1978) y Mészáros (2009). Mandel (1982, 1990) sostuvo que la crisis tiene múltiples causas y también desarrolla la idea de una crisis estructural del capital. Para una introducción al estudio de la categoría de crisis en Marx, véase Mazzucchelli (1985).

[7] Fase comprendida entre el fin de la Segunda Guerra Mundial (1945) y principios de la década de 1970. Cfr. Chesnais (1995), Harvey (1993) y Hobsbawm (1995).

[8] En 1944, se crearon en Bretton Woods organismos como el FMI, el GATT o el BIRF, cuyos objetivos eran establecer un nuevo sistema monetario internacional para el período posterior de la Segunda Guerra Mundial. Cfr. Moffitt (1984).