Año 11. Nº 23. Enero 2026  
Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo  
entre las teorías de la reproducción social y el femi-  
nismo materialista  
Luisina Bolla  
CINIG-IdIHCS-FaHCE-UNLP/CONICET  
For a Critique of Expanded Capitalism: a dialogue between the theories  
of social reproduction and materialist feminism  
Para uma Crítica do Capitalismo Ampliado: um diálogo entre as teorias  
da reprodução social e o feminismo materialista  
Fecha de recepción: 9 de noviembre de 2024  
Fecha de aprobación: 25 de agosto de 2025  
Resumen  
Este artículo propone una lectura comparada de dos teorías feministas  
contemporáneas que desarrollan nuevos análisis del capitalismo: la teoría  
de Nancy Fraser, basada en el concepto de capitalismo caníbal, y la de Chris-  
tine Delphy, que busca construir una teoría general de la explotación. Ambos  
análisis muestran la necesidad de desbordar (o ampliar) el marxismo clásico  
para visibilizar otras formas de explotación/dominación, que se conceptua-  
lizan como bases no reconocidas del proceso de producción económico o  
bien como relaciones sociales estructurales. A partir de este análisis, nos  
interesa mostrar las convergencias entre el enfoque feminista posmarxista  
o postsocialista de Fraser y el enfoque feminista materialista de Christine  
Delphy, pero también las distancias que motivan la autoadscripción de sus  
respectivas formuladoras en diferentes corrientes, igualmente situadas den-  
tro de los feminismos anticapitalistas (no liberales). Ello permitirá, al final del  
recorrido, trazar un contrapunto entre las teorías de la reproducción social y  
los feminismos materialistas en Francia, diálogo escasamente abordado a  
la fecha, que amerita –según argumentaremos– un análisis específico sobre  
los modos en que se entienden las bases materiales de la opresión capita-  
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Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...  
lista y sus mecanismos de funcionamiento.  
Palabras clave: capitalismo ampliado, reproducción social, feminismo mate-  
rialista, feminismo marxista, teoría general de la explotación  
justifica –como argumentaremos– uma análise específica sobre os modos  
como se entendem as bases materiais da opressão capitalista e seus meca-  
nismos de funcionamento.  
Palavras-chave: capitalismo ampliado, reprodução social, feminismo materi-  
alista, feminismo marxista, teoria geral da exploração  
Abstract  
This article proposes a comparative reading of two contemporary feminist  
theories that develop new analyses of capitalism: Nancy Fraser’s theory,  
based on the concept of cannibal capitalism, and Christine Delphy’s theo-  
ry, which seeks to construct a general theory of exploitation. Both analyses  
highlight the need to transcend (or expand) classical Marxism to make visi-  
ble other forms of exploitation/dominance, which are conceptualized either  
as background conditions of the economic production process or as struc-  
tural social relations. Based on this analysis, we aim to show the convergen-  
ces between Fraser’s post-Marxist or post-socialist feminist approach and  
Christine Delphy’s materialist feminist approach, but also the distances that  
motivate their self-identification within different currents, all situated within  
anti-capitalist (non-liberal) feminisms. Ultimately, this will allow us to draw  
a contrast between the theories of social reproduction and materialist fem-  
inisms in France, a dialogue that has been scarcely addressed to date and  
which, as we will argue, warrants a specific analysis of how the material bases  
of capitalist oppression and their mechanisms of operation are understood.  
Keywords: expanded capitalism, social reproduction, Materialist feminism,  
Marxist feminism, general theory of exploitation  
Introducción  
En los últimos años, el encuentro entre feminismos y crítica del capitalismo  
se ha nutrido de nuevas perspectivas que han despertado un interés reno-  
vado a lo largo y ancho de diferentes territorios. Muchos debates que, en los  
setenta, ocupaban el centro de atención y que, en la década del noventa, si  
bien no se habían desvanecido, se habían desplazado a los márgenes, re-  
cuperaron un protagonismo en la agenda de discusión pública. De la mano  
de las movilizaciones internacionales masivas como el 8M, así como de la  
circulación de nuevos escritos, reediciones y traducciones, la importancia  
económica y social de los múltiples trabajos realizados por las mujeres (por  
caso, el trabajo doméstico no remunerado), el valor de estos trabajos y su  
importancia para la acumulación capitalista y el funcionamiento del sistema  
en su conjunto, vuelven a posicionarse en el centro de la escena. Diferentes  
corrientes y tendencias, muy variadas entre sí, como las teorías de la repro-  
ducción social, las economías feministas, los feminismos materialistas, al-  
gunas vertientes de los feminismos indígenas y decoloniales y ciertas deri-  
vas de los “cuidados” –más vinculadas a las economías feministas que a los  
enfoques diferencialistas–, muestran la necesidad de transformar las bases  
materiales de la opresión sexista: la apropiación de los cuerpos construidos  
como “mujeres”, la extorsión de sus trabajos, el esfuerzo –igualmente resis-  
tido– por capturar sus tiempos y sus proyectos.  
Con el interés de aportar a esos debates, este trabajo plantea una lectura  
comparada de dos teorías feministas contemporáneas que proponen una  
comprensión ampliada del capitalismo: la teoría de Nancy Fraser, por un  
lado, basada en el concepto de “capitalismo caníbal”; y la elaboración de  
Christine Delphy, desarrollada en el marco de una teoría general de la ex-  
plotación, por el otro. Ambas muestran la necesidad de desbordar el prisma  
tradicional del marxismo clásico en aras de una comprensión más profunda  
de otras formas de explotación/dominación, que se conceptualizan como  
bases no reconocidas del proceso de producción económico, o bien como  
relaciones sociales estructurales, según veremos.  
Resumo  
Este artigo propõe uma leitura comparada de duas teorias feministas con-  
temporâneas que desenvolvem novas análises do capitalismo: a teoria de  
Nancy Fraser, baseada no conceito de capitalismo canibal, e a de Christine  
Delphy, que busca construir uma teoria geral da exploração. Ambas análi-  
ses mostram a necessidade de ultrapassar (ou ampliar) o marxismo clássico  
para visibilizar outras formas de exploração/dominação, que são conceitua-  
lizadas como bases não reconhecidas do processo de produção econômico  
ou como relações sociais estruturais. A partir dessa análise, nos interessa  
mostrar as convergências entre a abordagem feminista pós-marxista ou  
pós-socialista de Fraser e a abordagem feminista materialista de Christine  
Delphy, mas também as distâncias que motivam a autoadscrição de suas  
respectivas formuladoras em diferentes correntes, igualmente situadas den-  
tro dos feminismos anticapitalistas. Isso permitirá, ao final do percurso, tra-  
çar um contraponto entre as teorias da reprodução social e os feminismos  
materialistas na França, um diálogo pouco abordado até o momento, que  
Es importante advertir que la expresión “capitalismo ampliado” no alude  
a la expansión o proyección de las dinámicas propias de ese sistema por  
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sobre las tramas no económicas de la vida (como identificaron las primeras  
elaboraciones de la teoría crítica). No designa la mercantilización de la cul-  
tura o la reificación del mundo, sino que propone más bien un gesto inverso,  
que muestra los límites de la tendencia a la mercantilización para evidenciar  
las bases ocultas de la producción: aquello que el sistema no mercantiliza  
porque sencillamente es apropiado; aquello que no se intercambia porque  
se le escatima previamente su valor. En otras palabras, la ampliación remite  
a la dependencia estructural del sistema económico de otras regiones (con  
gramáticas propias y normativas específicas) que, aunque relegadas como  
“periferias” de la acumulación, constituyen la base del iceberg, por decirlo  
metafóricamente.  
Entender el capitalismo de modo ampliado supone, entonces, su redefini-  
ción, ya no como una forma de organización económica, sino como un or-  
den social institucionalizado que delimita y diferencia ámbitos: producción/  
reproducción, explotación/expropiación, sociedad/naturaleza no humana,  
economía/política (Fraser, 2022). De allí que tanto Fraser como Delphy con-  
sideren que la lucha (necesaria) por la socialización de los medios de produc-  
ción resulta insuficiente si no se acompaña de luchas (en plural) capaces de  
cuestionar y retrazar aquellas fronteras institucionalizadas por el capitalismo.  
Al cabo de este análisis, mostraremos las convergencias entre el enfoque  
feminista “posmarxista” o “postsocialista” de Fraser y el enfoque “feminis-  
ta materialista” de Christine Delphy, pero también –y de modo central– las  
distancias que motivan la autoadscripción de sus respectivas formuladoras  
en diferentes corrientes, igualmente situadas dentro de los feminismos an-  
ticapitalistas (no liberales). Ello permitirá, al final del recorrido, proponer un  
contrapunto entre las teorías de la reproducción social –representadas en  
este caso por Fraser– y los feminismos materialistas en Francia –dentro de  
los que se inscribe Delphy–, que suelen ser confundidos o asimilados sin  
más en muchos análisis contemporáneos.  
Honneth, 2006). Desde este marco, propone comprender al género no solo  
como una categoría de “reconocimiento”, sino dentro del paradigma de la  
“redistribución”. Por decirlo rápidamente, en sus primeros trabajos Fraser  
sostenía que el “género” no solo implica mayor discriminación, menor cre-  
dibilidad, peor estatus (“identidades despreciadas”), sino que también su-  
pone ocupar una determinada posición en la división del trabajo: tener la  
carga (o la responsabilidad) de ejecutar (o gestionar) el trabajo doméstico  
no remunerado y el trabajo de cuidados, lo que repercute sensiblemente so-  
bre las posibilidades de acceder al trabajo remunerado (como recuerdan y  
muestran permanentemente, con datos y estadísticas, los informes e inves-  
tigaciones del campo de las economías feministas). De allí que sea nece-  
sario combatir simultáneamente contra las injusticias “de reconocimiento”  
(expresadas, por ejemplo, en las llamadas “políticas de la diferencia”) y “de  
redistribución” (distribución igualitaria de los recursos y capacidades). A la  
base de su análisis, por tanto, encontramos una profunda crítica del sistema  
capitalista que pone de relieve sus transformaciones históricas y la necesi-  
dad de su transformación/erradicación como única forma de resolver las  
desigualdades estructurales.  
A partir de su obra Escalas de justicia (2008), y a raíz de algunas críticas,  
Fraser propondrá una tercera dimensión de la justicia, la “representación”  
o lo político, que supone la posibilidad de constituirse como un sujeto (o  
un grupo) capaz de presentar reclamos, incluso, de reconocimiento o distri-  
bución. Por eso, se trata de una dimensión metapolítica, porque implica la  
pregunta por el quién y ya no por el qué de la justicia. Si, antiguamente, la  
filosofía política dio por sentados los sujetos de la justicia –los ciudadanos  
de un Estado-nación–, en el mundo actual resulta indispensable construir un  
enfoque más adecuado. Por un lado, porque muchos/as/es habitantes del  
Estado-nación no son considerados “personas” y quedan, por tanto, fuera  
de los marcos de justicia. Por otro lado, y este es el sentido fundamental que  
Fraser da a la “tercera dimensión”, porque en el mundo global (postwestfa-  
liano) muchas de las injusticias ya no dependen de los Estados-nación terri-  
toriales modernos, sino que suceden en el espacio de flujos y transacciones  
transnacionales, con fronteras sumamente difusas y escalas mucho más  
amplias que las de la filosofía política tradicional. La interpelación que trae  
una teoría como esta, cuando se la relee desde la Argentina, es tan fuerte  
que no podría abordarse en el marco de este artículo; por ello, nos limitamos  
a dejarla planteada, a modo de contextualización del propio “marco” en que  
Fraser está produciendo y reconstruyendo sus análisis.  
1. Capitalismo y antropofagia desde una perspectiva feminista, ecologista y  
antirracista: la propuesta de N. Fraser  
Nancy Fraser es una de las principales exponentes de la filosofía social y  
política contemporánea, así como la creadora de una de las versiones más  
interesantes del feminismo (post)socialista contemporáneo. Desde sus pri-  
meros trabajos, en polémica con autores del campo filosófico como John  
Rawls, Jürgen Habermas, Richard Rorty, Charles Taylor o Axel Honneth, Fra-  
ser muestra la necesidad de elaborar una teoría de la justicia bidimensional  
que se tridimensionaliza en el transcurso de sus trabajos posteriores y que  
mantiene en el centro la idea normativa de “paridad participativa” (Fraser &  
A los fines del presente artículo, nos concentraremos en su última obra,  
Cannibal Capitalism (Fraser, 2022), que constituye una crítica a la visión es-  
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trecha [narrow view] del capitalismo desde una visión ampliada de los pro-  
cesos de producción y acumulación. Coincide así, parcialmente, con los aná-  
lisis de María Mies (a quien se refiere en su obra), que podríamos vincular,  
por extensión, con los enfoques convergentes de Silvia Federici y Leopoldi-  
na Fortunati. Como mostraremos a continuación, Fraser retoma sus análisis  
previos, especialmente, las tesis recogidas en Los talleres ocultos del capital  
(2020); pero, fiel a su estilo de recuperación y profundización, sistematiza  
los argumentos y los reúne en un nuevo volumen que, por su contundencia y  
relativa facilidad de lectura, manifiesta la intención de desbordar los límites  
de la academia para llegar a diferentes lectoras/es.  
“originarios”, se perpetúan y reproducen hasta la actualidad;  
3) las condiciones ecológicas naturales, consideradas por Marx como  
free gifts” o dones de la naturaleza no humana; estas conforman el sus-  
trato material indispensable de la producción capitalista (materia prima,  
energía, aire respirable, agua potable, tierra cultivable, atmósfera);  
4) una amplia gama de bienes públicos garantizados por el Estado,  
legalmente: el respeto por la propiedad privada, los contratos, el libre  
intercambio, fuerzas represivas que garanticen la apropiación dentro y  
fuera del territorio, provisión de dinero y monedas, infraestructura de  
transporte y comunicación, etcétera. Sin estos bienes públicos, no ha-  
bría orden social, por tanto, no serían posibles el intercambio ni la acu-  
mulación sostenida3.  
1.1 Las pre-condiciones del capitalismo: reproducción, expropiación, destrucción  
La tesis de Fraser sostiene que existen cuatro precondiciones no económi-  
cas del capitalismo que constituyen el sine qua non de la acumulación y de  
la producción económica capitalista1. Propone, así, una concepción ampliada  
del socialismo, que no solo interroga procesos ligados directamente al ca-  
pital (explotación de la fuerza de trabajo asalariada), sino también procesos  
que, aunque parecen periféricos, son constitutivos del capitalismo (así como  
lo “abyecto” define, por contraposición, lo “normal”). Estos son los siguientes:  
1) la reproducción social (según han mostrado, desde hace décadas,  
las teorías feministas, desarrolladas –entre otras– por la propia Fraser  
y que constituyen uno de los marcos teóricos clave de su abordaje)2.  
Comprende las formas de aprovisionamiento, de cuidado y de interac-  
ción que producen y sostienen los lazos sociales, incluyendo el traba-  
jo de procreación, los cuidados (pagos y no pagos), el llamado trabajo  
afectivo y, de manera más general, la subjetivación (Fraser, 2022, p. 55);  
2) la riqueza expropiada; que se refiere a la expropiación de grupos  
subyugados e incluye el trabajo de personas racializadas, la apropia-  
ción de recursos “naturales”, minerales, tierras (es decir, la apropiación  
de riquezas de países o territorios dominados). Fraser integra aquí la di-  
mensión que, en nuestro entorno, suele nombrarse como “colonialidad”  
y que abarca procesos de “acumulación primitiva” que, lejos de ser solo  
En suma:  
Detrás de las instituciones oficiales del capitalismo –trabajo asalaria-  
do, producción, intercambio y finanzas– están sus soportes necesarios  
y sus condiciones de posibilidad: familias, comunidades, naturaleza;  
Estados territoriales, organizaciones políticas y sociedades civiles; tam-  
bién, y no menos importante, cantidades inmensas y múltiples formas  
de trabajo no remunerado y expropiado (Fraser, 2023, pp. 215-216)4.  
La principal tesis de Fraser es que el capitalismo no solo se apoya en estas  
cuatro precondiciones –que, como ya anticipamos, lejos de ser accesorias o  
periféricas, constituyen el sine qua non de la producción económica recono-  
cida– sino que, además, el capitalismo tiende a fagocitar o canibalizar sus  
propias condiciones de existencia, en una suerte de recursividad autofágica  
que Fraser plasma en la imagen que ilustra la tapa del libro, tanto en su edi-  
ción original inglesa como castellana: el uróboro.  
Del griego οúρά, “cola”, y βόρος, “que come”, la serpiente que se muerde la  
cola representa el carácter eminentemente (auto)destructivo del capitalismo.  
El uróboro aniquila aquello que lo constituye, lo que lo nutre y posibilita su  
ser, y en ese proceso pone en riesgo el mundo, la vida, desde un movimiento  
cíclico permanentemente reiniciado.  
1- Al decir que son “no económicas” o “preeconómicas”, se refiere a su exclusión de la  
esfera del valor reconocido y de la economía formal; busca distinguir, de este modo, entre  
condición de valor y producción de valor, según veremos luego.  
2- Algunos marxistas heterodoxos, paradigmáticamente, Louis Althusser, ya habían se-  
ñalado que ninguna producción es posible sin la reproducción de las condiciones sociales  
necesarias para llevar a cabo tal producción, focalizando la importancia de los procesos de  
subjetivación. Sobre la importancia incómoda y paradojal de Althusser para los feminis-  
mos, cf. Bolla (2017).  
3- Ideas que había explorado previamente en un artículo titulado: “Legitimation Crisis? On  
the Political Contradictions of Financialized Capitalism” (Fraser, 2015) y en el capítulo 6 de  
Los talleres ocultos, “La crisis de la democracia como crisis capitalista. Sobre las contradic-  
ciones políticas del capitalismo financiarizado” (Fraser, 2020).  
4- Para una primera aproximación a la propuesta de Fraser, puede consultarse la conferen-  
cia que brindó la filósofa en la New School for Social Research de New York, que sintetiza  
su teoría del capitalismo ampliado: https://www.youtube.com/watch?v=mspR7LIP8NY  
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Es importante advertir que la idea del “canibalismo” que Fraser elige no  
es azarosa. También trae consigo una apuesta anticolonial explícita ya que,  
precisamente, como ella misma recuerda al comienzo de su libro, el caniba-  
lismo fue una de las tradicionales atribuciones que pretendió “legitimar” la  
esclavización de las poblaciones africanas y –lo añadimos porque Fraser no  
lo menciona– también la invasión colonial de nuestro continente. Al presen-  
tar a la gente de África y a los/las habitantes originarios de Abya Yala como  
salvajes, incapaces de un orden cultural a la europea, se apelaba a las prác-  
ticas de antropofagia como una salida justificatoria a la violencia de la “con-  
quista”. Por eso, invertir la acusación supone mostrar la verdadera faz de esa  
Europa pretendidamente “moderna” que proyecta sobre otros, otras, otrxs la  
imagen de su propio rostro5. Permite mostrar, por decirlo brevemente, que la  
“barbarie” no es el otro, sino el “Uno” occidental.  
“Canibalizar”, en otra acepción específica, implica nutrirse de algo ajeno para  
aumentar la propia potencia. Así, Fraser (2022) recuerda que, en astronomía,  
esta denominación se utiliza para referirse al fenómeno por el cual un objeto  
celeste incorpora masa de otro cuerpo a partir de la atracción gravitacional.  
Un sentido similar se atribuye, de manera más general, en el uso del verbo  
inglés to cannibalize, que significa quitar una parte (o algo) de un elemento o  
conjunto para hacer funcionar otro6. Este es, advierte la autora, el significado  
exacto del capitalismo caníbal, que expropia trabajos gratuitos, tierras, recur-  
sos y bienes públicos para hacer funcionar un mercado que, paradójicamen-  
te, al tiempo que se incrementa, fortalece también su propia aniquilación.  
Dado que la explotación de trabajos domésticos no reproductivos y de cui-  
dados, la expropiación de grupos racializados (y sus cuerpos y territorios, o  
cuerpos-territorios, al decir de las feministas comunitarias) y la apropiación de  
la “naturaleza” han sido más abordados, tanto por la propia Fraser en obras  
anteriores, como por numerosas autoras y autores feministas, poscoloniales,  
decoloniales, ecologistas y marxistas heterodoxos (Fraser se basa, especial-  
mente, en el llamado “marxismo negro”, como DuBois o Williams), nos de-  
tendremos en el último aspecto identificado por Fraser. Se trata de la cuarta  
precondición (por orden de presentación en la obra, lo que no responde a una  
primacía ontológica, ni tampoco parece en principio designar prioridades cro-  
nológicas): la canibalización de bienes públicos asegurados por el Estado.  
El capitalismo requiere de la forma del Estado-nación para afianzarse no solo  
en su génesis histórica, sino en la actualidad. Sin caminos y autopistas, sin un  
sistema de transporte, sin el aparato represivo para amenazar e intentar le-  
vantar un piquete o la toma de una fábrica, sin leyes; particularmente, sin una  
constitución que asegure la propiedad privada, la justa propiedad de los títulos  
y la legitimidad de las transacciones y transferencias, no sería posible el orden  
capitalista. Y, aun así, este tiende a debilitar el orden público. Por mencionar  
solo un ejemplo, los grandes grupos de poder evaden impuestos o buscan  
anularlos en función de su interés inmediato por la acumulación.  
A esto Fraser lo denominaba la “contradicción política del capitalismo”:  
el poder público legítimo y eficaz es una condición de posibilidad para  
la acumulación sostenida de capital, pero el impulso del capitalismo ha-  
cia una acumulación sin límites tiende a desestabilizar con el tiempo  
los poderes públicos de los que depende. Desde este punto de vista,  
la crisis democrática actual es una hebra de la crisis capitalista, cuyos  
contornos más amplios proporcionan la clave para su resolución (Fra-  
ser, 2020, p. 121).  
La eficacia del sistema consiste en escindir, falazmente, un plano conside-  
rado “económico” de otro plano denominado “político”. Se presentan como  
si fueran territorios aislados, incluso en pugna; se encubre el carácter polí-  
tico del capitalismo, su dependencia de los poderes públicos “no económi-  
cos”. De ese modo, lo que se asegura es el control de las grandes corporacio-  
nes y de las burguesías nacionales de las riquezas, bienes y productos. Bajo  
pretexto de que se toman decisiones meramente “económicas”, se expropia  
a los grupos implicados (o afectados) la capacidad de decidir al respecto,  
alimentando un proceso de acumulación donde la deuda constituye el motor  
central (Fraser, 2022). Por eso, afirmará Fraser, el capitalismo es por su pro-  
pia naturaleza antidemocrático. Nos impide pensar de qué modo queremos  
producir, cuánto queremos producir y cómo queremos repartir el producto  
de esa producción.  
El capitalismo, concluye la autora, no es solo un sistema económico. Por  
eso, ir más allá del capitalismo como mera economía implica hacer visibles  
sus sustratos, sus condiciones de posibilidad. Ello conduce a una suerte de  
paradoja: “Se trata de un único orden social, pero que no posee una lógica  
unitaria (por ejemplo, la valorización o la mercantilización) sino lógicas diver-  
sificadas conforme divisiones institucionales que portan también diferentes  
criterios normativos” (Martín, 2020, p. 175). En otras palabras, el capitalis-  
5- So there’s a certain satisfaction in turning the tables and invoking it here as a descriptor  
for the capitalist class -a group, this book will show, that feeds off everyone else” (Fraser,  
2022, p. 13).  
6- Según la definición del diccionario inglés Cambridge: “tomar partes de una máquina  
o vehículo para hacer o reparar otra máquina o vehículo”; o, en marketing, “provocar una  
reducción en las ventas de un producto existente al empezar a vender un nuevo producto o  
servicio” (por ejemplo, la caída de ventas de diarios impresos a causa de la tendencia a leer  
las noticias en soportes digitales).  
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mo es, para Fraser, un orden social institucionalizado no homogéneo donde,  
junto con la explotación, coexisten e interactúan diferentes formas de apro-  
piación y expropiación irreductibles, con gramáticas, normativas y ontolo-  
gías propias. Lejos de desembocar en un relativismo o en una perspectiva  
fragmentada, el análisis de Fraser propone la construcción de una mirada  
integral, capaz de reunir dentro de un marco único todas las opresiones, con-  
tradicciones y conflictos de la presente coyuntura (2022, p. 15), enlazadas por  
el hilo común del anticapitalismo, que proporciona la clave para enfrentar las  
crisis actuales.  
cófono) es precisamente su relectura heterodoxa y creativa del materialismo  
histórico, que lo vuelve a la vez deudor y crítico del marxismo. Por eso, en un  
ensayo de 1990, titulado “Homo sum”, Wittig se refería a los “anacronismos  
del capital”:  
al resumir todas las oposiciones sociales en términos de lucha de  
clases —y de una única y precisa lucha de clases—, Marx y Engels  
han reducido todos los conflictos a dos términos. Se produce aquí  
una operación de reducción que ha dejado de lado toda una serie de  
conflictos que eran calificados como «anacronismos del capital». El  
racismo, el antisemitismo y el sexismo quedaron excluidos del campo  
de la reducción marxista. Y sin embargo la teoría del conflicto que han  
generado estos «anacronismos» podría describirse como un para-  
digma de opresión transversal a todas las «clases» marxistas (Wittig,  
2006, pp. 74-75).  
2. El feminismo materialista de Delphy: una teoría general de la explotación  
para ir más allá del plusvalor  
Dirigimos ahora la atención hacia otra propuesta feminista crítica del ca-  
pitalismo: los desarrollos teóricos recientes de Christine Delphy, una de las  
creadoras y representantes del llamado “feminismo materialista” en Fran-  
cia, o “feminismo radical materialista” (según la denominación original). Esta  
corriente se caracteriza por retomar los conceptos generales del materialis-  
mo histórico (lucha de clases, dialéctica, modo de producción, etcétera) para  
construir un nuevo marco teórico capaz de dar cuenta (y de luchar contra) la  
opresión de las mujeres. La tesis distintiva del feminismo materialista sos-  
tiene que las mujeres constituyen una “clase social de sexo” (que no está  
determinada ni biológica, ni culturalmente) que se construye de manera  
dialéctica (no es preexistente) al antagonismo con otra categoría social: el  
grupo social (o clase) de los varones. La biología, en este enfoque, no cum-  
ple absolutamente ningún papel, ya que se trata de grupos constituidos por  
relaciones sociales estructurales (rapports sociaux) con independencia de  
cualquier genitalidad, cromosoma, etcétera.  
Críticas implacables del feminismo “de la diferencia”, que reivindicaba –  
en la misma época– la especificidad “femenina” y llamaba a reencontrar la  
esencia de la “Mujer” oculta por los discursos falogocéntricos, las feministas  
materialistas en Francia bregaron por la destrucción de las categorías de  
“sexo”, al entender que “mujer” constituye un sitio de opresión, el nombre  
mismo de la opresión, y no la liberación. De hecho, una de las principales  
teóricas del feminismo materialista fue precisamente Monique Wittig, fun-  
dadora del “materialismo lésbico” (1992), quien llevó estas afirmaciones a  
sus máximas consecuencias al hablar de la necesidad de una “fuga” de las  
categorías de sexo (así como los y las esclavas cimarrones abandonaban las  
plantaciones para vivir en comunidades libres, las lesbianas eran fugitivas  
del régimen político heterosexual).  
El fragmento citado muestra, justamente, el núcleo de la crítica del feminis-  
mo materialista, que cuestiona al marxismo por haberse focalizado en uno de  
los antagonismos sociales, en una de las formas de la lucha de clases (bur-  
guesía/proletariado), desplazando o invisibilizando otros antagonismos es-  
tructurales, en particular, el sexismo, pero también el racismo. Tal reduccionis-  
mo desembocaba, a su vez, en una subsunción o una postergación –evidente,  
por ejemplo, en la teoría de Engels (De Miguel, 2005)–, ya que se entendía  
que aquellas eran luchas secundarias que se resolverían automáticamente  
una vez fundada la sociedad comunista. En palabras de Wittig: “Se suponía  
que todo conflicto que no pudiera reducirse a los dos términos de la lucha de  
clases se solucionaría tras la toma del poder por el proletariado” (2006, p. 75).  
Al priorizar la clase social como fundamento último de todas las demás  
formas de opresión (relegadas a título de “anacronismos”), los análisis mar-  
xistas dejaban en las sombras otros procesos profundos, estructurales y ma-  
yoritarios de expropiación, explotación y dominación:  
en lo referente al orden mundial, aquello que Marx denominaba los  
«anacronismos del capital» del mundo industrial afectan a una enorme  
masa de personas diferentes, la mitad de la humanidad cuando habla-  
mos de las mujeres, los colonizados, el tercer mundo, el cuarto mundo7  
y los campesinos en el mundo industrializado (Wittig, 2006, p. 76).  
7- Aclara Wittig en nota al pie: “Aportamos aquí la noción de «cuarto mundo» utilizada en  
Europa para designar a aquellas personas que viven en la pobreza en el mundo industria-  
lizado occidental” (p. 76).  
El rasgo definitorio del feminismo materialista en Francia (o francés, o fran-  
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Es importante advertir que las feministas materialistas no abandonaron el  
marco epistemológico del materialismo histórico; por el contrario, lo retomaron  
y complejizaron para poder comprender y nombrar otras formas de opresión  
que no se reducen a la explotación marxista tradicional, analizada a través de  
la categoría de plusvalor. De allí que la apuesta de Wittig fuera, precisamente,  
“dialectizar la dialéctica” (1992), es decir, cuestionar los principios de aquello  
que se considera “el principio” (por ejemplo, qué se considera “opuestos” y  
qué no, qué se considera “clase” y qué no) y su funcionamiento.  
Precisamente, hacia allí convergen los últimos ensayos publicados de Del-  
phy, dos de ellos reunidos en un pequeño volumen denominado Para una  
teoría general de la explotación que, lamentablemente, aún no se encuentra  
traducido al castellano. Sintetizando sus argumentos, Delphy cuestiona dos  
dogmas que forman parte de lo que llama el “positivismo marxista” (Delphy,  
2015, pp. 94 y ss.). El primer dogma sostiene que el capitalismo ha absorbido  
de manera definitiva todos los modos de producción previos (feudal, esclavis-  
ta), similar a aquello que denunciaba Wittig mediante la categoría de “anacro-  
nismos”. El segundo dogma, argumenta Delphy, sostiene que alcanza con la  
teoría del plusvalor para explicar cabalmente la explotación.  
Respecto a este segundo postulado, Delphy cuestionará sobre todo la gene-  
ralización, es decir, la universalización de la plusvalía como única medida de  
explotación o como forma general de la explotación capitalista. Para la sociólo-  
ga francesa, es necesario particularizar (aunque no abandonar, por supuesto)  
la forma de explotación asalariada que consiste, como es sabido, en la diferen-  
cia entre el salario que recibe el/la trabajador/a (valor de la fuerza de trabajo)  
y el valor que produce su trabajo, que queda en manos del capitalista. La plus-  
valía, sostiene Delphy, es una modalidad de la explotación, pero no la única.  
Reiterando críticas que ya había desarrollado, por lo menos, desde comien-  
zos de la década de 1980, Delphy cuestionará esta tradición del positivismo  
marxista (a la que antes nombraba, en términos incluso más polémicos, como  
“marxismo deformado” o “marxología”) por su renuencia a interpretar la reali-  
dad actual. En otras palabras, por sustituir el explicandum por el explicans, lo  
que hay que explicar, el fenómeno concreto (cierto modo de explotación de un  
grupo) por la explicación teórica (el modelo explicativo o explicans). Coincide  
aquí con Fraser, anticipamos, en la forma de una crítica a las vanguardias o  
élites intelectuales, incluso de izquierda; es decir, en el cuestionamiento de  
una “expertocracia” que define problemas centrales y secundarios, de manera  
monológica.  
al extremo de homologar explotación y capitalismo, explotación y plusvalor,  
dejando a un lado otras modalidades de explotación, como el racismo y el se-  
xismo, donde muchas veces la forma de la explotación no implica plusvalor  
(porque no hay forma-salario) sino más llanamente extorsión de trabajo gra-  
tuito. Por eso, propone justamente la extracción (extorsión) de trabajo gratuito  
como definición de la explotación, una de cuyas modalidades es la explota-  
ción salarial, mas no la única. Confundir explotación y plusvalor, es decir, con-  
fundir una forma general con una modalidad específica, “es un obstáculo para  
la articulación entre los diferentes modos de explotación” (Delphy, 2015, p. 95).  
Conduce, para Delphy, a invisibilizar o desestimar otras formas de opresión.  
Frente a ello, propondrá una “teoría general de la explotación”, donde el len-  
guaje común para entender la lógica subyacente a las diferentes modalidades  
de la explotación es la extorsión gratuita.  
3. Un diálogo posible: Fraser, Delphy, las teorías de la reproducción social y el  
feminismo materialista  
Tanto Fraser como Delphy convergen al cuestionar una visión estrecha del  
capitalismo que considera que el núcleo de la injusticia es solo (pero también,  
ni más ni menos que) la explotación de los trabajadores asalariados (“free wor-  
kers”) por parte del capital, a través de la plusvalía. Sin embargo, construyen  
distintos argumentos, que anudan no solo distancias teóricas, sino también  
diferencias en cuanto a los cursos de la acción política. Para comenzar a iden-  
tificar las divergencias, incluso en el seno de un diagnóstico común (insufi-  
ciencia de una mirada crítica del capitalismo tradicional), es importante adver-  
tir que se trata de dos estrategias, que remiten a dos relecturas de Marx.  
Fraser afirma: “mi estrategia radica en mirar, en primer lugar, a Marx, para  
luego mirar detrás de él, con la esperanza de arrojar nueva luz sobre algunas  
viejas preguntas” (2023, p. 27). Estos interrogantes son, por ejemplo, cómo  
definir al capitalismo (¿es un sistema económico, una ética, un orden social  
institucionalizado?), cómo caracterizar sus tendencias a la crisis, entre otras.  
Mirar detrás de Marx implica, para la filósofa, un “giro epistémico” que consiste  
en pasar del análisis de la explotación, a la reconstrucción y crítica del trasfon-  
do de la explotación. Esto no es otra cosa sino advertir las condiciones que  
sustentan (que están debajo) del planteo marxiano [background conditions of  
possibility for exploitation]8. Implica, por ejemplo, dejar de hablar solo de la  
producción de mercancías para problematizar la reproducción social. La pre-  
La tradición del positivismo marxista ha decretado, argumenta Delphy, la  
primacía de la contradicción capital/trabajo y del antagonismo de clase (en  
sentido tradicional) por sobre otras formas de explotación. Así, se ha llegado  
8- “La descripción de la producción capitalista postulada por Marx solo cobra sentido cuando em-  
pezamos a completarla con las condiciones de posibilidad que la sustentan” (Fraser, 2023, p. 33).  
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Luisina Bolla  
Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...  
gunta central, "¿de dónde proviene el capital?", permite identificar la base de  
expropiación y saqueos que sustentan históricamente al sistema capitalista,  
no solo en su contexto de emergencia, sino replicándose: “La expropiación es  
un mecanismo de acumulación aún en marcha, aunque no oficialmente, que  
persiste junto al mecanismo oficial de explotación, ‘el relato en primer plano’  
de Marx, por así decir” (Fraser, 2023, p. 33).  
posibilidad del capitalismo (donde “capitalismo” sigue siendo el eje), sino  
que piensa en términos de la extorsión de trabajo gratuito.  
Esta distancia entre ambas teorías permite comprender la diferencia –in-  
cluso en medio de muchas otras convergencias– entre el feminismo mate-  
rialista en Francia y las teorías feministas de la reproducción social (TRS),  
representadas aquí por Delphy y Fraser, respectivamente. Para las TRS, el  
trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (TDCNR) es condición de  
posibilidad del sistema capitalista; es decir, está integrado en su funciona-  
miento y se lo comprende como forma de aumentar la extracción de plus-  
valor. Para Delphy, si bien es evidente que el TDCNR es útil al capitalismo  
y le permite obtener ganancias, este no es el rasgo específico que define al  
TDNRC y que explica su funcionamiento. Justamente porque, para la france-  
sa, la explotación del trabajo doméstico no se deriva histórica ni lógicamente  
del sistema capitalista, sino de las relaciones sociales estructurales de sexo,  
en otras palabras, del patriarcado. Aun cuando beneficien al capitalismo, el  
grupo con intereses antagónicos aquí involucrado (si pensamos, por ejem-  
plo, en el trabajo doméstico no remunerado) no son burgueses y proletarios,  
sino varones y mujeres (como clases sociales de sexo, en el sentido en que  
las definimos anteriormente).  
De hecho, las feministas materialistas desarrollaron un concepto muy  
interesante que es el de “rapports sociaux” que, siguiendo a Jules Falquet  
(2017), podríamos traducir como “relaciones sociales estructurales” (para  
distinguirlo de las relaciones entre personas, vinculares, microsociales). An-  
tes que en términos de sistemas (aunque a veces utilicen también esta ex-  
presión), entienden al sexismo, al capitalismo y al racismo como relaciones  
sociales estructurales (RSE), como tensiones que cruzan, atraviesan y orga-  
nizan lo social, de manera dinámica e histórica; a su vez, estas configuran  
grupos con intereses antagónicos (clases sociales). Las RSE se coproducen,  
es decir, no existen independientemente, aunque teóricamente sea necesa-  
rio aislarlas (pero también estudiarlas conjuntamente) para comprender sus  
rasgos específicos10. Y, advierte Delphy, no están jerarquizadas; o, podemos  
Así, “factores mercantilizados de las sociedades capitalistas coexisten con  
factores no orientados al mercado” (Fraser, 2023, p. 32). La semiproletariza-  
ción (más que la tendencia a la proletarización) es la tendencia que se veri-  
fica, que expulsa a las personas del empleo formal a trabajos cada vez más  
precarizados, “zonas grises de la informalidad de las cuales el capitalismo  
extrae riqueza” (íbid). Fraser detecta aquí una suerte de “acumulación pri-  
mitiva” en marcha, coincidiendo con otros análisis feministas como los de  
María Mies o Silvia Federici, por mencionar dos representantes claves. Estas  
“nuevas acumulaciones” periódicas operan como estrategia del capital para  
sortear las crisis e implican la expropiación de tierras, bienes, recursos a po-  
blaciones enteras. Sin embargo, Fraser se basa, sobre todo, en los trabajos  
de otro reconocido investigador marxista, David Harvey, quien ha propuesto  
el concepto de “acumulación por desposesión” para comprender la lógica de  
funcionamiento del capitalismo actual, donde el motor ya no sería la extrac-  
ción de plusvalor sino la desposesión.  
La simultaneidad entre lo mercantil-capitalista y lo no mercantilizado, entre  
explotación y desposesión, es según Fraser “un rasgo constitutivo del ADN  
del capitalismo” (2023, p. 32), relación elusiva a la que prefiere no nombrar  
como “coexistencia”, sino como “imbricación funcional” o “dependencia”, y a  
la que, finalmente, nombrará como “canibalización” para marcar su costado  
negativo, más próximo a lo parasitario que a una codependencia simbiótica9.  
En suma, Fraser piensa que el capitalismo oculta y ataca sus condiciones de  
posibilidad, lo que está detrás de las “moradas ocultas” del capital. Cons-  
truye, quizás podemos definirlo provisoriamente de esta forma, un sistema  
unitario, aunque no monolítico.  
Diferente es el caso de Delphy, que, en Pour une théorie générale de la ex-  
ploitation, plantea múltiples formas de extorsión de trabajo gratuito, situan-  
do al plusvalor como una más. Ella no piensa en términos de condiciones de  
10- Desde una perspectiva feminista materialista y decolonial, esto fue desarrollado in extenso  
por Jules Falquet en su obra Imbricación (2022), que aborda, precisamente, el vínculo entre  
diferentes RSE. También fue objeto de vastos análisis por parte de la socióloga Danièle Ker-  
goat que, a pesar de que en nuestra región suele ser asimilada sin más al “feminismo mate-  
rialista francés” (cf. por ejemplo Arruzza y Bhattacharya, 2020), de hecho no formaba parte de  
esta corriente. Kergoat produjo valiosos análisis sobre el carácter co-extensivo y consustancial  
de las RSE. El enfoque basado en las relaciones permite evitar, por su parte, la reificación y la  
sustancialización, por ejemplo, cuando se piensa “productivo” y “reproductivo” como “lugares”  
(arquetípicamente, “la fábrica” y “la casa”). Desarrollamos estas ideas en Bolla (2019).  
9- Según vimos en el primer apartado, Fraser cree que existen 4 precondiciones “no econó-  
micas” (no mercantiles) que sustentan (es decir, que son la base, la condición de posibilidad)  
del capitalismo: la reproducción social, la apropiación de la naturaleza, la división entre lo  
“económico” y lo “político” y la expropiación de riquezas a trabajadorxs que no son recono-  
cidos como tales. Estas son las “moradas ocultas” tras la “morada oculta” del capital.  
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Luisina Bolla  
Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...  
añadir, no están a priori jerarquizadas, lo que implica que la primacía de una  
u otra RSE dependerá de los contextos (siempre históricos, situados) en los  
que se desarrollen.  
La coexistencia de diferentes rapports sociaux distingue a la corriente fe-  
minista materialista de las teorías de la reproducción social11, incluso cuando  
sea preciso tampoco homogeneizar las diferentes posiciones dentro de este  
último campo. Ya hemos mostrado algunas distancias entre Delphy y Fraser.  
Sin embargo, otras representantes de las TRS, como Bhattacharya y Arruzza  
(que han escrito, como es sabido, junto con Fraser), son más renuentes a  
descentrar la mirada más allá de la extracción de plusvalor.  
De allí se sigue su inscripción dentro de las llamadas teorías unitarias:  
Si bien [la TRS] reconoce que el patriarcado fue un sistema de pro-  
ducción y reproducción en las sociedades agrarias, considera que ya  
no sucede lo mismo en las sociedades capitalistas. En otras pala-  
bras, las relaciones patriarcales están presentes en la sociedad capi-  
talista pero no forman un sistema con lógica autónoma (2020, p. 64).  
Volviendo a nuestro diálogo imaginario, podemos dejar planteadas dos  
posibles objeciones (aunque seguramente haya muchas más). Una posible  
crítica a Fraser, que tal vez podría realizarse desde una mirada feminista ma-  
terialista, señalaría que postular al capitalismo como único sistema puede  
correr el riesgo de, nuevamente, jerarquizar opresiones o subsumirlas a una  
única explicación. La jerarquización, aun cuando se advierta que no es “po-  
lítica” (tal como hace Bhattacharya), identifica una esfera prioritaria y condi-  
cionante para el conjunto, que puede homogeneizar experiencias históricas  
y sociales diversas bajo una única lente. Ciertamente, las categorías sue-  
len “seleccionar al dominante”, por decirlo en términos de María Lugones,  
y quienes sufren explotación por causa de una relación social, suelen ver  
esa relación como más importante que otras que quizás no los afecten di-  
rectamente (Delphy, 2024). El riesgo, nuevamente, es caer en la trampa de  
“lo urgente versus lo necesario” (Grupo de Estudios sobre Feminismo Ma-  
terialista, 2024) o reproducir los “arcaísmos del capital” contra los que nos  
prevenía Wittig.  
A pesar de sus valiosos aportes, las TRS se encuentran permanentemente  
al filo de una paradoja entre reconocer la necesidad de ampliar el enfoque y  
mantener la centralidad de la explotación tradicional. Esta ambivalencia es  
evidente en el uso de la siguiente metáfora corporal:  
pretender entender el sistema capitalista en su conjunto mirando sólo  
cómo se extrae el plusvalor, es como querer entender al ser humano  
mirando sólo cómo late su corazón. Una ecografía del corazón puede  
decirme muy poco sobre alguien: en todo caso puede indicarme que el  
corazón está andando bien (y el corazón es el órgano vital del cuerpo),  
pero no puedo decir nada sobre la persona. De manera análoga, la pro-  
ducción de valor y la extracción del plusvalor vía explotación es la parte  
latiente del sistema, pero limitándonos a mirar eso entenderemos poco  
acerca del sistema en su conjunto (Arruzza y Bhattacharya, 2020, p. 45).  
Por su parte, una crítica a Delphy, que quizás podría hacer Fraser, la realiza  
Celia Amorós. En su análisis del feminismo materialista, Amorós argumenta  
que Delphy incurre en un “error categorial” (un tipo de falacia descripta por  
el filósofo G. Ryle) al no distinguir entre la producción propiamente dicha y  
las condiciones de posibilidad de la producción. La idea del género como  
“clase”, más precisamente, la “clase social de sexo”, es para Amorós un error  
de ese tipo. En su interpretación, el género no abre una relación propia con la  
producción, un sistema específico, sino que es condición de posibilidad de  
un capitalismo generizado.  
El problema remanente –como mostró tempranamente Heidi Hartmann  
(1979), una de las principales representantes de las teorías duales anglófo-  
nas– es cómo explicar que existan precisamente esos grupos (y no otros),  
esas relaciones (y no otras). Porque la estructura económica, contrario a lo  
que pensaba Marx, no es anónima, sino que asigna posiciones bien diferen-  
ciadas en función de criterios claramente identificables: por caso, el sexo, la  
raza (en sentido social, no biológico ni esencialista). En palabras de Jule Goi-  
koetchea, las teorías unitarias “no explican qué sistema produce el ‘género’,  
La idea de la extracción del plusvalor como el “latido” se entiende, desde su  
perspectiva, por una primacía de la producción sobre la reproducción. En sus  
palabras, “pese a que puede no haber una jerarquía en términos políticos,  
sin embargo, la extracción de plusvalor y el proceso de acumulación tienen  
efectos condicionantes sobre el sistema en su conjunto” (Arruzza & Bhat-  
tacharya, 2020, p. 45). En otras palabras, la esfera productiva condiciona la  
esfera reproductiva de un modo que no es recíproco. Así, continúan Arruzza  
y Bhattacharya: “Determinan la duración de la jornada laboral, determinan  
qué tipo de luchas son necesarias; si la tasa de ganancia cae, determina qué  
servicios sociales se recortan, etc. Eso no significa que el capital tiene control  
directo sobre la esfera reproductiva pero sí significa que la acumulación de  
capital tiene efectos condicionantes en el conjunto del sistema” (p. 45).  
11- Para profundizar en las diferencias entre feminismo materialista y feminismo marxista,  
tomando como hilo conductor la imbricación de RSE, ver Falquet (2024).  
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Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...  
la ‘sexualidad’ y la ‘raza’ -por ejemplo, términos tales como ‘mujeres’ y ‘va-  
rones’, ‘blancos y no-blancos’” (Goikoetchea, 2024b, p. 146). Las salidas que  
restan, desde la perspectiva unitaria, son o bien pensarlos como elementos  
culturales, tal como señala la filósofa vasca (lo que obliga a repensar, en el  
mejor de los casos, la escisión cultural/material); o bien entenderlos como  
arcaísmos de antiguas formas de producción, aunque resulta difícil pensar  
que se trata de relaciones arcaicas cuando gozan de excelente salud y se  
las encuentra vivitas y coleando (parafraseando una expresión de Delphy); o  
bien, en el peor de los casos, sencillamente pensar que se trata de atributos  
biológicos y sustraídos, por tanto, del análisis social (Goikoetchea, 2024a).  
Lejos de constituir meras disquisiciones teóricas, estas derivas involucran  
posicionamientos políticos divergentes en torno a qué se entiende por su-  
jeto y acción revolucionaria, es decir, inciden (implícita o explícitamente) en  
las formas en que pensamos y realizamos acciones concretas, así como en  
los horizontes a alcanzar. ¿Reclamaremos, por ejemplo, una participación  
equitativa (corresponsabilidad) de varones y mujeres en el trabajo de repro-  
ducción social? ¿O, de modo radical, cuestionaremos la existencia misma  
de estas categorías (varones y mujeres) mostrando que, precisamente, son  
creadas a partir de esa división asimétrica y jerárquica del trabajo?  
división social racial del trabajo aparece como la clave para entender las res-  
pectivas posiciones ex/ex, es decir, las jerarquías. En una entrevista reciente,  
interrogada acerca de por qué pensar el trabajo de reproducción social en  
términos solo reproductivos, y no productivos, su respuesta fue sugerente:  
“El plusvalor no es toda la historia [is not the whole story]. Creo que los mar-  
xistas ortodoxos se concentraron demasiado en el plusvalor y no lo sufi-  
ciente en la ganancia [profit]. La ganancia implica algo más que el plusvalor”  
(Goikoetchea, 2024b, p. 307). Sin embargo, Fraser mantiene la idea de expro-  
piaciones que son sine qua non de la explotación (bases o precondiciones  
del capitalismo).  
Delphy, en cambio, propone una visión diferente –tal vez, paradójicamen-  
te a pesar de su apariencia de “sistema triple”, más “unitaria”– que piensa  
bajo la lente común de la expropiación, donde la explotación tradicional es  
una más de las modalidades posibles de extorsión de trabajo gratuito. Cuál  
de estos marcos analíticos nos resulte más atractivo dependerá, no solo de  
elecciones y convicciones políticas personales, sino también de los contex-  
tos en los que trabajemos, intervengamos, de los territorios y espacios que  
habitamos y del tipo de luchas que elijamos (o se nos presenten) de manera  
predominante.  
Con sus diferencias, tanto Delphy como Fraser coinciden en lo que esta úl-  
tima denomina un giro epistémico y que consiste en ampliar el análisis, de la  
explotación a la expropiación o extorsión. Delphy vuelve a Marx para retomar  
lo que, a su juicio, constituye el núcleo de su propuesta epistémica y política:  
la cuestión de la propiedad (o no) de los medios de producción. A sus ojos,  
la extorsión de trabajo sin la forma del salario/plusvalía es un denominador  
común que integra tanto el trabajo doméstico no remunerado (lo que Fra-  
ser aborda como “reproducción social”) como la expropiación de trabajo de  
grupos o personas racializadas. Su análisis muestra que la “parte latente”  
del sistema no es la extracción de plusvalor (una modalidad de la extorsión,  
que se presenta bajo la forma-salario y que requiere una disociación entre  
“fuerza de trabajo” y lo que Colette Guillaumin denominó “máquina de fuerza  
de trabajo”) sino, de modo más general, el acaparamiento de los medios de  
producción, la apropiación y la acumulación de allí resultante. El tema cen-  
tral, por tanto, no es solo el plusvalor sino la posesión/desposesión.  
A modo de cierre  
Tanto Fraser como Delphy realizan una crítica a las miradas reduccionistas  
que pretenden explicar el funcionamiento del sistema capitalista a través de  
la existencia de una única contradicción (capital/trabajo) y desde la lente  
exclusiva de la plusvalía. Por eso, Fraser propone poner en centralidad los  
trasfondos del capital para hacer emerger lo soterrado, las condiciones de  
posibilidad de la explotación, que anidan un secreto todavía más profundo:  
“a la coerción sublimada del trabajo asalariado subyacen la violencia desca-  
rada y el robo desembozado” (2023, p. 34).  
En el caso de Delphy, mostramos que cuestiona de forma más heterodoxa  
el modelo del plusvalor como medida universal de toda forma de opresión/  
dominación para denunciar las diferentes modalidades de la desposesión.  
Podemos preguntarnos, desde nuestra posición situada, qué costos pueden  
traer aparejados el abandono de un vocabulario marxista de corte más tradi-  
cional y si las condiciones están (o no) dadas para avanzar en una radicaliza-  
ción de este proyecto. En tiempos donde variantes de neoliberalismos ultra-  
conservadores o nuevos fascismos ultraliberales se consolidan en nuestro  
país, pero también a nivel mundial, ¿será necesario pensar en resistir, desde  
los espacios ya conocidos? ¿O más bien, justamente, el contexto de profun-  
da crisis puede ser oportunidad para proponer y explorar caminos aun no  
Fraser, por su parte, vuelve a mirar “detrás” de Marx, para mostrar que aque-  
llo que se consideran “problemas secundarios”, el sexismo, el racismo, la  
destrucción del planeta y de las democracias, forman parte de las fuerzas  
centrales que sostienen al capitalismo. De hecho, su propuesta incluye, de  
manera central, la línea de color planetaria (W.E.B. Dubois) que divide “ex/  
ex”, explotados de expropiados, retomando análisis del marxismo negro. La  
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Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...  
recorridos? Reflexionando desde la Argentina, los fracasos electorales de  
las izquierdas tradicionales y la dificultad para la construcción de una repre-  
sentatividad popular masiva, parecen ser índice de una necesidad de revisar  
profundamente los esquemas marxistas ortodoxos12.  
por la democracia debe conducirnos, sin dudas, a otros horizontes. Frente  
a un tipo de capitalismo semejante, resulta indispensable la construcción  
de un socialismo igualmente ampliado o, por decirlo con Delphy, de un fe-  
minismo materialista. Una alternativa que subvierta de manera radical las  
condiciones sociales de producción, lo que implica no solo la socialización  
de los medios productivos, sino también una profunda transformación del  
trabajo de reproducción social, de la forma en que nos vinculamos con la  
naturaleza no humana (animal y no animal), de cómo pensamos la demo-  
cracia y los poderes públicos. Una lucha activa contra todas las formas de  
extorsión de trabajo gratuito, por decirlo en palabras de Delphy, que termine  
con la explotación a través del plusvalor, pero también con la expropiación  
y despojo a que se somete a grupos y poblaciones racializadas, cuyas re-  
sistencias son muchas veces lideradas y sostenidas por mujeres14, quienes  
enfrentan la persecución y la criminalización, arriesgando incluso la vida.  
Detener la parasitación y el canibalismo, instaurando el modelo contrario,  
que Fraser nombra como “sostenibilidad” y que pensadoras y militantes in-  
dígenas como Gladys Tzul Tzul (2015) denominan “reproducción comunal de  
la vida”. Volver a trazar los límites, problematizar las fronteras establecidas  
entre lo económico y lo político, entre producción y reproducción, incluso en-  
tre individuo y comunidad –otra de las antinomias coloniales– para redefinir  
colectivamente cómo queremos producir y vivir.  
Son tiempos en que surgen nuevos desafíos, nuevos movimientos reaccio-  
narios, nuevas formas de organizar el trabajo (plataformización o “uberiza-  
ción”), nuevas maneras de comunicación. La escisión entre lo económico y  
lo político ha ganado protagonismo y ha permeado a través de las redes so-  
ciales, en medios hegemónicos, en conversaciones, entre descontentos pro-  
fundos. La frontera entre explotación y expropiación se vuelve lábil, mientras  
crece la precarización y la retirada del Estado se descarga con más fuerza  
sobre sectores empobrecidos, mujeres, comunidades. En nuestro país, gana  
la presidencia un candidato que dice “manejar la economía” y que propone  
“desmantelar el Estado”, terminar con “la política”, reducida a la caricatura  
de la “casta” –acusación en la que se refleja como en un espejo–. El ajuste  
actual, aunque encuentra correlato en políticas iniciadas en la década de  
1970, se distingue por la celeridad y la magnitud de las medidas de austeri-  
dad implementadas, al punto de que ha llegado a ser considerado como un  
“laboratorio” o experimento de la derecha internacional13. Dicho ajuste, que  
atenta contra la subsistencia del pueblo en favor de los sectores dominantes  
y los lobbys internacionales, vuelve evidente, con lamentable crudeza, la ver-  
dad sostenida por Fraser: bajo pretexto de perseguir los intereses “objetivos”  
de la economía, el capitalismo acaba por fagocitar el orden político-institu-  
cional que lo sostiene, la democracia. “Incluso en el mejor de los casos, la  
democracia en una sociedad capitalista es, forzosamente, limitada y débil”  
(2023, p. 188).  
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Educación, Universidad Nacional de La Plata]. Memoria Académica. https://  
memoria.fahce.unlp.edu.ar/library?a=d&c=tesis&d=Jte1938  
La serpiente que se muerde la cola representa el carácter eminentemente  
(auto)destructivo del capitalismo, pero también evoca –es nuestra lectura–  
la imagen del tiempo circular, la persistencia de crisis periódicas y sistemá-  
ticas, que reanudan los despojos, las expropiaciones, las explotaciones y las  
violencias, en ciclos que solo la organización colectiva y las revoluciones  
pueden, como acontecimientos disruptivos, interrumpir. Por tanto, la lucha  
12- Podemos evocar los porcentajes efectivamente obtenidos en las elecciones (por ejem-  
plo, en las últimas presidenciales); aun cuando exista un crecimiento relativo de represen-  
tatividad y una mayor visibilidad en las propuestas y plataformas, no deja de ser muy mi-  
noritaria en términos absolutos.  
De Miguel Álvarez, A. (2005). La articulación clásica del feminismo y el so-  
14- “La participación de las mujeres ha sido decisiva en gran medida porque saben que lo  
que está en juego es el uso del agua, del bosque, de la tierra, de los cultivos de subsisten-  
cia; en suma, la gestión de la vida cotidiana” (Tzul Tzul, 2015, p. 96).  
13- Véase, por ejemplo, el conversatorio “Los riesgos de la austeridad en el laboratorio de  
la Argentina de Milei” (2024), organizado por la Sociedad de Economía Crítica de Argentina  
193  
192  
Luisina Bolla  
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