Luisina Bolla
Para una crítica del capitalismo ampliado: un diálogo entre las teorías de la...
gunta central, "¿de dónde proviene el capital?", permite identificar la base de
expropiación y saqueos que sustentan históricamente al sistema capitalista,
no solo en su contexto de emergencia, sino replicándose: “La expropiación es
un mecanismo de acumulación aún en marcha, aunque no oficialmente, que
persiste junto al mecanismo oficial de explotación, ‘el relato en primer plano’
de Marx, por así decir” (Fraser, 2023, p. 33).
posibilidad del capitalismo (donde “capitalismo” sigue siendo el eje), sino
que piensa en términos de la extorsión de trabajo gratuito.
Esta distancia entre ambas teorías permite comprender la diferencia –in-
cluso en medio de muchas otras convergencias– entre el feminismo mate-
rialista en Francia y las teorías feministas de la reproducción social (TRS),
representadas aquí por Delphy y Fraser, respectivamente. Para las TRS, el
trabajo doméstico y de cuidados no remunerado (TDCNR) es condición de
posibilidad del sistema capitalista; es decir, está integrado en su funciona-
miento y se lo comprende como forma de aumentar la extracción de plus-
valor. Para Delphy, si bien es evidente que el TDCNR es útil al capitalismo
y le permite obtener ganancias, este no es el rasgo específico que define al
TDNRC y que explica su funcionamiento. Justamente porque, para la france-
sa, la explotación del trabajo doméstico no se deriva histórica ni lógicamente
del sistema capitalista, sino de las relaciones sociales estructurales de sexo,
en otras palabras, del patriarcado. Aun cuando beneficien al capitalismo, el
grupo con intereses antagónicos aquí involucrado (si pensamos, por ejem-
plo, en el trabajo doméstico no remunerado) no son burgueses y proletarios,
sino varones y mujeres (como clases sociales de sexo, en el sentido en que
las definimos anteriormente).
De hecho, las feministas materialistas desarrollaron un concepto muy
interesante que es el de “rapports sociaux” que, siguiendo a Jules Falquet
(2017), podríamos traducir como “relaciones sociales estructurales” (para
distinguirlo de las relaciones entre personas, vinculares, microsociales). An-
tes que en términos de sistemas (aunque a veces utilicen también esta ex-
presión), entienden al sexismo, al capitalismo y al racismo como relaciones
sociales estructurales (RSE), como tensiones que cruzan, atraviesan y orga-
nizan lo social, de manera dinámica e histórica; a su vez, estas configuran
grupos con intereses antagónicos (clases sociales). Las RSE se coproducen,
es decir, no existen independientemente, aunque teóricamente sea necesa-
rio aislarlas (pero también estudiarlas conjuntamente) para comprender sus
rasgos específicos10. Y, advierte Delphy, no están jerarquizadas; o, podemos
Así, “factores mercantilizados de las sociedades capitalistas coexisten con
factores no orientados al mercado” (Fraser, 2023, p. 32). La semiproletariza-
ción (más que la tendencia a la proletarización) es la tendencia que se veri-
fica, que expulsa a las personas del empleo formal a trabajos cada vez más
precarizados, “zonas grises de la informalidad de las cuales el capitalismo
extrae riqueza” (íbid). Fraser detecta aquí una suerte de “acumulación pri-
mitiva” en marcha, coincidiendo con otros análisis feministas como los de
María Mies o Silvia Federici, por mencionar dos representantes claves. Estas
“nuevas acumulaciones” periódicas operan como estrategia del capital para
sortear las crisis e implican la expropiación de tierras, bienes, recursos a po-
blaciones enteras. Sin embargo, Fraser se basa, sobre todo, en los trabajos
de otro reconocido investigador marxista, David Harvey, quien ha propuesto
el concepto de “acumulación por desposesión” para comprender la lógica de
funcionamiento del capitalismo actual, donde el motor ya no sería la extrac-
ción de plusvalor sino la desposesión.
La simultaneidad entre lo mercantil-capitalista y lo no mercantilizado, entre
explotación y desposesión, es según Fraser “un rasgo constitutivo del ADN
del capitalismo” (2023, p. 32), relación elusiva a la que prefiere no nombrar
como “coexistencia”, sino como “imbricación funcional” o “dependencia”, y a
la que, finalmente, nombrará como “canibalización” para marcar su costado
negativo, más próximo a lo parasitario que a una codependencia simbiótica9.
En suma, Fraser piensa que el capitalismo oculta y ataca sus condiciones de
posibilidad, lo que está detrás de las “moradas ocultas” del capital. Cons-
truye, quizás podemos definirlo provisoriamente de esta forma, un sistema
unitario, aunque no monolítico.
Diferente es el caso de Delphy, que, en Pour une théorie générale de la ex-
ploitation, plantea múltiples formas de extorsión de trabajo gratuito, situan-
do al plusvalor como una más. Ella no piensa en términos de condiciones de
10- Desde una perspectiva feminista materialista y decolonial, esto fue desarrollado in extenso
por Jules Falquet en su obra Imbricación (2022), que aborda, precisamente, el vínculo entre
diferentes RSE. También fue objeto de vastos análisis por parte de la socióloga Danièle Ker-
goat que, a pesar de que en nuestra región suele ser asimilada sin más al “feminismo mate-
rialista francés” (cf. por ejemplo Arruzza y Bhattacharya, 2020), de hecho no formaba parte de
esta corriente. Kergoat produjo valiosos análisis sobre el carácter co-extensivo y consustancial
de las RSE. El enfoque basado en las relaciones permite evitar, por su parte, la reificación y la
sustancialización, por ejemplo, cuando se piensa “productivo” y “reproductivo” como “lugares”
(arquetípicamente, “la fábrica” y “la casa”). Desarrollamos estas ideas en Bolla (2019).
9- Según vimos en el primer apartado, Fraser cree que existen 4 precondiciones “no econó-
micas” (no mercantiles) que sustentan (es decir, que son la base, la condición de posibilidad)
del capitalismo: la reproducción social, la apropiación de la naturaleza, la división entre lo
“económico” y lo “político” y la expropiación de riquezas a trabajadorxs que no son recono-
cidos como tales. Estas son las “moradas ocultas” tras la “morada oculta” del capital.
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